LA HIPÓTESIS DEL NAUFRAGIO: POR QUÉ LA CRISIS ENERGÉTICA CUBANA ES EL SÍNTOMA DE UNA FATALIDAD ESTRUCTURAL

La lucha de Cuba por aliviar los cortes de electricidad ante la reducción de suministro de combustible de Venezuela y México no ha sido una simple nota económica; ha sido el cumplimiento de una profecía de fatalismo geopolítico. El sistema cubano ha operado durante décadas bajo la Ley de la Dependencia Extrema, donde la supervivencia energética no se basaba en la autogestión, sino en la donación ideológica del momento.

El verdadero drama no yace en el apagón físico, sino en la oscuridad del modelo que ha negado la autocrítica por la lealtad al proveedor. Sentirás el peso de esta verdad: la electricidad se corta porque el país ha sido construido sobre la premisa de que la caridad extranjera es un derecho, condenando al pueblo a la simulación permanente de autosuficiencia.

La crisis energética es la manifestación del agotamiento del Modelo de Subsidio Transitorio. Cuba ha dependido históricamente de un proveedor ideológico que garantiza la entrada energética a precios no comerciales, desde la URSS hasta la Venezuela chavista.

  • La Tiranía del Petróleo Político: La dependencia de Venezuela, y en menor medida de México, ha codificado una servidumbre energética que anuló cualquier estrategia real de inversión en infraestructura o transición a fuentes renovables. ¿Por qué invertir en el futuro cuando el petróleo es "gratis" por lealtad?

  • La Sentencia Histórica: La Habana ha repetido el error de Moscú: construir una economía sobre la base de un contrato político volátil, no sobre la ley de la oferta y la demanda sostenible. La reducción del suministro venezolano (debido a su propia decadencia interna) ha funcionado como el martillo que ha expuesto la fragilidad de este modelo. La presión se vuelve palpable: la infraestructura obsoleta es el símbolo del tiempo que se perdió confiando en la beneficencia ideológica.

Cuando el combustible se reduce, el costo no es solo económico, sino psíquico y social. El Estado ha transferido su incapacidad estratégica al ciudadano.

  • La Conversión del Sufrimiento: Los cortes de electricidad (los "apagones") se han convertido en el chivo expiatorio somático que absorbe la frustración acumulada. El ciudadano siente la falla del Estado no en la narrativa de las cifras, sino en la oscuridad literal de su casa y la pérdida de la cadena de frío. La vida cotidiana es desestructurada por un problema que la élite niega con la retórica de la "resistencia".

  • El Derrumbe Moral: La lucha por aliviar los cortes no se centra en una estrategia de inversión, sino en medidas paliativas desesperadas (reparaciones temporales, mendicidad diplomática). El mensaje que recibe el pueblo es de impotencia institucional, obligándolo a desarrollar una cultura de la autosubsistencia precaria (el famoso resolver) que sustituye la acción gubernamental. El núcleo de la verdad se siente en el pecho: el Estado se ha resignado a administrar la escasez.

La crisis de Cuba es una invitación brutal a que el país rompa con la Ley de la Dependencia y emprenda el camino de la Autonomía Energética total.

Para que la isla encuentre la luz, debe aceptar la censura de su propio modelo histórico. No se trata de cambiar un proveedor por otro, sino de desmantelar el aparato ideológico que ha hecho de la mendicidad geopolítica su única estrategia de supervivencia. El Maestro del Fuego observa la sentencia: solo la fractura radical con el fatalismo de la dependencia puede forjar un futuro donde la luz sea un derecho soberano, y no un regalo político volátil.

El eterno retorno del apagón es la condena de un modelo agotado. ¿Estás dispuesto a romper el ciclo de la ceniza y pagar el precio de la autonomía para que la isla deje de vivir a expensas de la generosidad de otro?

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