EL LOTE DE PRODUCCIÓN: NOVIEMBRE 2025 Y LA ETERNA REPETICIÓN DEL ICONO

Noviembre 2025 no es un mes en el calendario; es el Lote de Producción Q4, un segmento perfectamente calendarizado donde Hollywood descarga sus activos intelectuales más rentables. Mirar la cartelera no es anticipar el futuro, sino reconocer la fábrica de mitos que reconfigura los iconos de ayer en el producto necesario para mañana. El arte ha cedido ante la semiología de la masa; todo es remix, nada es original.

Aquí no hay estrenos, sino la reactivación de cinco grandes franquicias que confirman que la nostalgia es la única economía viable del siglo XXI.


1. Wicked: Por Siempre (Wicked: For Good)

El fetichismo de la historia jamás contada. Esta es la segunda parte del musical que nos recuerda que siempre hay una precuela más para justificar el gasto. La maldad es solo una cuestión de perspectiva; el consumo es la única certeza. La bruja, la diva, la amiga rota: todo es teatro de la apropiación para vestir la misma canción con otro vestuario. El mito se recicla: la gente solo quiere ver a sus íconos enfrentarse con más glitter.

2. Depredador: Tierras Salvajes (Predator: Badlands)

El eterno retorno del monstruo. El Depredador no es un cazador; es una escultura de la violencia que Hollywood debe revivir periódicamente para validar el género de acción. Es un estudio de la iconografía brutalista donde la trama es un mero vehículo para el desmembramiento. El único argumento aquí es la textura del cuero alienígena y el sonido del click de su mandíbula. Es el fetiche de la supervivencia simplificada: la máquina de matar contra el paisaje.

3. El Sobreviviente (The Running Man)

Stephen King como activo. El distópico de los años ochenta regresa para ser remezclado en la conciencia de la nueva ansiedad. La película ya no es una advertencia; es una comodidad. La idea de una competición mortal televisada es tan común hoy que la distopía se ha convertido en un género de confort. Se consume la rabia social, se embolsa el dinero. Es la performance de la crítica que no altera la estructura.

4. Frankenstein (Guillermo del Toro)

El Auteur como marca. Aquí el producto no es la criatura, sino el nombre que lo dirige. Del Toro no hace cine; aplica su firma gótica y barroca a los monstruos más venerables. Es una obra de restauración de arte donde el valor reside en el trazo del maestro sobre el lienzo viejo. La criatura es el sujeto; el director es el branding. Un ejercicio de culto a la personalidad, vendido como cine de autor.

5. Los Ilusionistas 3 (Now You See Me: Now You Don’t)

La magia como fraude. La secuela que demuestra que la gente no quiere ver un truco; quiere la ilusión de estar siendo engañada. La magia aquí es espectáculo de alto rendimiento, donde el guion es solo el andamiaje necesario para el plano general de la explosión. La franquicia se mantiene viva porque ofrece una deuda narrativa fácil de cobrar: la promesa de un giro de guion que es siempre el mismo.

El gran mito de noviembre 2025 es que estamos eligiendo. La verdad es que estamos consumiendo lo pre-aprobado. La industria solo presenta lo que ya ha demostrado ser útil. La realidad es una redundancia.

Cuando pagues la entrada, recuerda que la batalla no se libra en la trama, sino en tu voluntad de consumir la misma historia con otra etiqueta.

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