EL GUION TRANSITORIO
LA TEORÍA DEL CAOS VS. EL PLAN PERFECTO
"Cuando el guionista reescribe el drama con una servilleta, la tragedia solo aumenta."
— El Cronista Felino
La propuesta llegó con el glamour de un anuncio de fusión corporativa, no con la seriedad que exige el epicentro de una crisis. Un gobierno transitorio para Gaza, una solución de ingeniería política diseñada para imponer orden mediante decreto. Es una solución limpia, trazada en papel, que ignora alegremente la suciedad y la complejidad del drama humano.
El Cronista Felino no puede evitar reír, pues este es el teatro puro. La creencia de que se puede instaurar una paz temporal —un 'transitorio'— en un sistema de altísima tensión es una ofensa a la ciencia misma. La Teoría de Sistemas Complejos enseña que la introducción de cualquier factor externo en un entorno tan volátil solo aumenta la entropía social, reduciendo la predictibilidad a cero. Es decir, el plan, con su promesa de orden, es la garantía de un caos más sofisticado.
El costo de este guion improvisado es tan inmenso como su ingenuidad. La reconstrucción y la ayuda humanitaria en la región podrían superar los $10 mil millones de dólares en cinco años. Esta cifra, mayor que el PIB de muchas naciones, es la tarifa de admisión que se paga por la transitoriedad impuesta desde fuera. Es el cheque que firma la comunidad internacional, no para garantizar el futuro, sino para gestionar la inestabilidad que el plan probablemente engendrará.
"El mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas inferiores a ellos."
— Platón
Pero la verdadera ironía no está en el plan, sino en el público. El público local, sumido en la supervivencia, tiene poco tiempo para interesarse en el ajedrez diplomático de los poderosos. La ausencia de su voz en el lobby y en los pasillos es el vacío que Platón describió. Si quienes están en el terreno no pueden interesarse por la política del alto mando, ¿quién gobernará su destino transitorio? La respuesta, por supuesto, está en manos del guionista que tiene la pluma, y no de los actores que están en escena.

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