La Guerra Silente:
Un Análisis de la Estrategia Militar de México contra el Narcotráfico en 2025
En los anales de la estrategia y la defensa, pocos conflictos presentan una amalgama tan intrincada de desafíos políticos, sociales y militares como la prolongada confrontación de México con las organizaciones del narcotráfico. El año 2025 ha sido testigo de la consolidación de una estrategia militar que, si bien no es un giro copernicano, representa una evolución calculada de los enfoques previos. Este análisis busca trascender la superficie de los titulares para desentrañar el porqué de su nacimiento, el cómo de su implementación y el qué significa para el futuro de la seguridad regional y global.
1. El Telón de Fondo Estratégico: ¿Por qué Nació Esta Estrategia?
El clima geopolítico que sirvió de incubadora para la estrategia de 2025 es una compleja interacción de presiones internas y externas. Internamente, la persistencia de la violencia, la fragmentación del tejido social y la permeabilidad de las instituciones ante la corrupción narco exigían una respuesta más cohesionada y, presumiblemente, más contundente. Las fuerzas convergentes incluían una creciente presión ciudadana por la paz, la erosión de la legitimidad estatal en ciertas regiones y la innegable capacidad de adaptación y resiliencia de los cárteles. Externamente, la presión de Estados Unidos para contener el flujo de drogas y armas, así como el reconocimiento de la naturaleza transnacional del crimen organizado, forzaron una reevaluación.
La "gran apuesta" estratégica de 2025 fue doble: primero, la desarticulación definitiva de las cúpulas de los cárteles y sus redes financieras, no solo como una medida punitiva, sino como un medio para fracturar su capacidad operativa y logística. Segundo, y quizás más ambicioso, la restitución del Estado de derecho y la gobernabilidad en los territorios más asediados, sentando las bases para una recuperación social y económica que, a largo plazo, minaría el reclutamiento y la base de apoyo de los grupos criminales.
Los jugadores clave en este tablero de ajedrez estratégico son multifacéticos. Por un lado, el Estado mexicano, representado por las Fuerzas Armadas (Ejército, Marina, Fuerza Aérea), la Guardia Nacional, y agencias de inteligencia y procuración de justicia. Por el otro, los cárteles de la droga, organizaciones que operan con estructuras jerárquicas y horizontales, a menudo fragmentadas y en constante reconfiguración, pero unidas por el denominador común del lucro ilícito y el control territorial. La dinámica de poder se ha caracterizado por una asimetría particular: el Estado posee la legitimidad y el monopolio de la fuerza legal, pero los cárteles compensan con una brutalidad indiscriminada, una extensa red de inteligencia y sobornos, y una alarmante capacidad de cooptación. Las reglas no escritas del juego a menudo implican la guerra de desgaste, la intimidación a la población y la adaptación constante a las tácticas del adversario.
2. La Anatomía de la Estrategia: ¿Cómo Pretendió Imponerse?
La arquitectura conceptual de la estrategia de 2025 se construyó sobre principios rectores de interagencialidad, inteligencia centralizada y presencia permanente. Se asumió que la fragmentación previa de esfuerzos había diluido su impacto. La lógica interna postula que una acción coordinada entre los pilares de seguridad y justicia, guiada por una inteligencia integral, permitiría golpear simultáneamente las capacidades operativas, financieras y logísticas de los cárteles. El supuesto fundamental era que la disrupción de estas capacidades, junto con una fuerte presencia estatal, generaría un vacío de poder que el Estado podría llenar, en lugar de permitir que nuevos grupos emergieran.
Esta estrategia intentó orquestar los poderes diplomático, informativo y económico (DIME) con el militar, aunque la sinergia fue dispar. En el ámbito diplomático, se intensificó la cooperación con Estados Unidos en materia de inteligencia y el intercambio de información financiera, buscando una estrategia binacional más robusta. Sin embargo, la autonomía soberana de México a menudo dictó límites a esta colaboración. El poder informativo fue un área de disonancia; mientras el gobierno buscaba controlar la narrativa oficial, la capacidad de los cárteles para sembrar el terror y difundir propaganda a través de redes sociales y medios locales demostró ser un desafío persistente. Económicamente, se prometió fortalecer el combate al lavado de dinero y la incautación de bienes, pero la escala de la economía ilícita a menudo superó la capacidad de las instituciones para desmantelarla por completo.
La visión estratégica se tradujo en operaciones concretas que combinaron golpes quirúrgicos contra objetivos de alto valor (líderes de cárteles, operadores financieros clave) con despliegues sostenidos de fuerzas en zonas de alta conflictividad para restablecer el control territorial. No fue un plan maestro rígido, sino una evolución pragmática, adaptándose a las dinámicas cambiantes del crimen organizado y a las reacciones inesperadas. Se priorizó la movilidad y la capacidad de respuesta rápida.
La asignación y movilización de recursos vitales fue un punto crítico. Se observó un incremento presupuestario significativo para las Fuerzas Armadas y la Guardia Nacional, así como una modernización de equipos de inteligencia y vigilancia. Sin embargo, la vasta extensión geográfica del país y la profundidad de la penetración del narco en ciertas comunidades crearon puntos de estrangulamiento logístico y de personal. La necesidad de personal altamente capacitado y, crucialmente, con integridad intachable, siempre superó la oferta disponible, lo que generó presiones sobre la capacidad de despliegue sostenido.
3. Los Pilares de la Fuerza: ¿Qué la Hizo Temible (o Prometedora)?
Las ventajas estratégicas intrínsecas de esta aproximación residieron en su énfasis en la inteligencia de proximidad y la coordinación interagencial a nivel táctico. La astucia no solo se manifestó en la capacidad de rastrear y capturar a líderes, sino en la comprensión de las redes de apoyo logístico que sustentan sus operaciones. El poder disruptivo residió en la capacidad de las Fuerzas Armadas para operar en entornos hostiles con una disciplina y un nivel de fuerza que pocos actores dentro del país podían igualar.
Hubo elementos de ingenio y flexibilidad adaptativa. La estrategia intentó superar obstáculos mediante el uso de unidades especiales con entrenamiento específico para combate urbano y rural, así como la implementación de tecnología de vigilancia y análisis de datos más sofisticada. Se buscó desequilibrar al adversario no solo a través de la fuerza bruta, sino también interrumpiendo sus cadenas de suministro y fuentes de financiamiento.
Los recursos y capacidades únicas explotadas al máximo incluyeron:
Capacidad de Despliegue Masivo: Las Fuerzas Armadas poseen una infraestructura y un número de efectivos que les permiten una presencia que ninguna otra entidad del Estado puede replicar.
Inteligencia de Señales y Humana: La colaboración, aunque limitada, con agencias internacionales y el desarrollo de capacidades internas permitieron obtener información crucial sobre los movimientos y planes de los cárteles.
Flexibilidad Doctrinaria: La estrategia permitió cierta maleabilidad en la aplicación de tácticas, desde operaciones de alta intensidad hasta labores de contención y patrullaje comunitario.
4. Las Grietas en la Armadura: ¿Dónde Estaban sus Puntos Ciegos?
A pesar de sus fortalezas, la estrategia de 2025 no estuvo exenta de vulnerabilidades. Uno de los errores de cálculo más fatales fue la subestimación de la capacidad de adaptación y metástasis de los cárteles. Cuando una cúpula era desarticulada, a menudo emergían nuevas facciones o líderes más jóvenes y brutales, a veces más descentralizados y difíciles de rastrear. El supuesto de que la decapitación de la hidra debilitaría su cuerpo resultó ser una verdad a medias.
Las limitaciones internas y presiones externas que la pusieron contra las cuerdas incluyeron:
Corrupción Endémica: La persistencia de la corrupción en ciertos niveles de gobierno y fuerzas de seguridad minó la efectividad de las operaciones, proporcionando a los cárteles información y protección.
Resistencia Inesperada: En comunidades donde los cárteles habían suplantado al Estado como proveedores de servicios o empleos, la resistencia de la población a la intervención militar fue un factor sorprendente y desestabilizador.
Restricciones de Recursos Humanos: La necesidad de personal con la capacitación y el valor para operar en entornos de alto riesgo, y con la resiliencia para resistir la cooptación, fue un desafío constante.
La estrategia fue explotada por el adversario a través de varias contramedidas. La principal fue la diversificación de actividades criminales, moviéndose más allá del narcotráfico a la extorsión, el secuestro y el tráfico de personas, creando múltiples fuentes de ingresos que eran más difíciles de rastrear y que impactaban directamente a la población civil. También hubo una "contramedida brillante" por parte de los cárteles: la fusión de estructuras criminales con redes sociales y comunitarias. Esto les permitió no solo reclutar, sino también obtener inteligencia de primera mano sobre los movimientos de las fuerzas de seguridad y, en algunos casos, manipular la opinión pública local a su favor.
5. Oportunidades Perdidas y Sombras Amenazantes: La Matriz de Riesgos
Varias ventanas estratégicas o factores externos favorables no fueron detectados o capitalizados plenamente. La oportunidad de una reforma judicial y policial profunda fue una de ellas. Si bien se hicieron esfuerzos, la lentitud en la construcción de instituciones sólidas, transparentes y confiables para el combate a la corrupción y la impunidad, dejó flancos abiertos. La estrategia militar, al operar en un vacío institucional en ciertas regiones, a menudo se encontró con que sus victorias tácticas no podían consolidarse en ganancias estratégicas a largo plazo.
Las amenazas materializadas incluyeron la subestimación de la capacidad de los cárteles para generar violencia extrema como táctica de terror. Incidentes de brutalidad inusitada contra civiles o fuerzas de seguridad fueron diseñados para desmoralizar y desmovilizar a la población. Además, el movimiento del adversario hacia la descentralización y la formación de alianzas efímeras fue subestimado. Esto llevó a un punto de inflexión crítico donde las opciones se redujeron drásticamente: la persecución de un cártel en particular a menudo resultaba en la fragmentación del mismo y la proliferación de nuevos grupos más pequeños y volátiles, creando un panorama de seguridad aún más complejo y difícil de manejar.
6. El Veredicto Histórico: Éxito, Fracaso o Lecciones Eternas
En última instancia, la estrategia de 2025 exhibió un éxito parcial con un alto costo. Logró desarticular algunas de las cúpulas criminales más poderosas y reducir momentáneamente ciertos índices de violencia en áreas específicas. Sin embargo, no cumplió con su objetivo más ambicioso de erradicar la influencia del narcotráfico o restaurar plenamente el Estado de derecho en todo el territorio. Podría considerarse una victoria pírrica en ciertas batallas, donde la ganancia táctica no se tradujo en una victoria estratégica decisiva.
Las consecuencias a largo plazo de esta estrategia son profundas. En el panorama político, ha consolidado el rol de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad pública, generando un debate sobre la militarización de la vida civil y sus implicaciones para la democracia. Económicamente, la persistencia de la violencia ha desalentado la inversión en ciertas regiones, perpetuando círculos viciosos de pobreza y criminalidad. Socialmente, ha profundizado la polarización y la desconfianza entre la ciudadanía y las instituciones.
Las lecciones estratégicas imperecederas de esta experiencia son claras:
Integridad Institucional: Una estrategia puramente militar es insostenible sin una reforma profunda y sostenida de las instituciones de justicia y un combate frontal a la corrupción.
Enfoque Holístico: La "guerra" contra el crimen organizado no puede ganarse solo con la fuerza. Requiere una orquestación maestra de los poderes DIME, con un énfasis igual en el desarrollo social, la educación y la generación de oportunidades económicas.
Adaptación Constante: El adversario es dinámico. Las estrategias deben ser inherentemente flexibles y capaces de adaptarse a las nuevas tácticas y estructuras del crimen organizado.
Legitimidad y Apoyo Popular: Sin el apoyo de la población, cualquier estrategia está condenada al fracaso. La confianza se construye a través de la transparencia, la rendición de cuentas y la protección efectiva de los derechos humanos.
7. Reflexiones para el Futuro: El Legado Estratégico
La estrategia de 2025 en México sirve como un caso de estudio crucial y una advertencia para el pensamiento estratégico contemporáneo. Demuestra que la aplicación de la fuerza militar, si bien necesaria en ciertos contextos, es insuficiente para resolver problemas multifacéticos arraigados en fallas estructurales del Estado y la sociedad. Es un recordatorio de que la seguridad es un constructo multidimensional.
Si pudieras rediseñarla con la sabiduría de la retrospectiva, las modificaciones fundamentales serían:
Inversión Masiva en Justicia y Gobernanza: Paralelamente al despliegue militar, una inversión sin precedentes en la formación, equipamiento y depuración de fuerzas policiales civiles, ministerios públicos y jueces. La justicia y el castigo de la impunidad son la base de la disuasión a largo plazo.
Desarrollo Social y Económico Dirigido: Programas masivos de inversión en educación, salud y empleo en las comunidades más vulnerables, con un monitoreo estricto para evitar la cooptación por parte del crimen organizado. Esto crearía alternativas genuinas al reclutamiento.
Estrategia de Comunicación Proactiva: Una narrativa gubernamental que contrarreste la propaganda del narco, eduque a la población sobre los riesgos y fomente la denuncia ciudadana, restaurando la confianza en el Estado.
Coordinación Regional e Internacional Profunda: Más allá de la colaboración bilateral, la creación de mecanismos regionales para combatir el crimen organizado transnacional, reconociendo que es un problema que trasciende fronteras.
La lucha contra el narcotráfico en México es un microcosmos de los desafíos de seguridad del siglo XXI: no hay victorias definitivas, solo batallas ganadas y perdidas en un conflicto perpetuo. La estrategia de 2025, con sus luces y sombras, nos obliga a reflexionar sobre la verdadera naturaleza de la guerra y la paz en un mundo donde los enemigos no llevan uniformes y los campos de batalla son las calles de nuestras ciudades.
Irán vs. Israel:
La Guerra Silenciosa que Moldea Oriente Medio
En el tablero geopolítico de Oriente Medio, la rivalidad entre Irán e Israel no es una guerra convencional, sino una compleja danza de sombras que se ha prolongado por décadas. Es un enfrentamiento sin declaración de guerra, pero con ataques cibernéticos, operaciones encubiertas, asesinatos selectivos y una red de aliados proxy que lo convierten en uno de los conflictos más volátiles del mundo. Esta "guerra entre guerras" define la seguridad regional y global.
El Telón de Fondo: Una Rivalidad con Raíces Profundas
Para entender esta dinámica, debemos mirar sus orígenes y ambiciones. Tras la Revolución Islámica de 1979, Irán adoptó una postura anti-occidental y anti-israelí, buscando exportar su ideología y establecer un "eje de resistencia" que desafiara la influencia de Estados Unidos e Israel. Su objetivo principal: la supervivencia de su régimen y proyectar su poder como la fuerza dominante en la región. Quieren ver a Israel debilitado y, eventualmente, eliminado, mientras desarrollan un programa nuclear para asegurar su posición.
Por otro lado, Israel, desde su fundación en 1948, ha priorizado su seguridad existencial. Su doctrina se basa en la disuasión, la defensa proactiva y una superioridad militar innegable. Su meta primordial es impedir que Irán obtenga armas nucleares y contener su expansión, especialmente la de sus milicias aliadas cerca de sus fronteras.
Los Jugadores Clave: ¿Quién está en cada bando?
La red de actores es compleja:
Irán: Liderado por la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), cuenta con la Fuerza Quds para operaciones exteriores y el apoyo de grupos como Hezbolá en Líbano, milicias chiitas en Irak, los Houthi en Yemen y grupos palestinos como Hamás y la Yihad Islámica.
Israel: Sus Fuerzas de Defensa (IDF) y sus agencias de inteligencia como el Mossad son de élite. Su principal aliado es Estados Unidos, que le proporciona un apoyo militar y diplomático vital. Más recientemente, los Acuerdos de Abraham han acercado a Israel a estados árabes sunitas como Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, que comparten la preocupación por la influencia iraní.
Las Estrategias en Juego: Asimetría vs. Precisión
Ambas naciones han desarrollado enfoques sofisticados para este conflicto de baja intensidad.
La Estrategia Iraní: "Resistencia" y "Guerra Asimétrica"
Irán no puede competir militarmente con Israel o EE.UU. de frente, así que ha optado por la asimetría y la negación plausible.
Poder Nuclear: Su programa busca alcanzar la capacidad de fabricar una bomba nuclear, viéndola como la máxima disuasión.
Red de Proxies: Invierte masivamente en grupos armados no estatales. Estos actúan como sus "brazos largos", proyectando poder y amenazando a Israel desde múltiples frentes (Líbano, Siria, Gaza) sin que Irán tenga que asumir la responsabilidad directa. Es una forma de operar "por debajo del umbral" de la guerra total.
Misiles y Drones: Ha desarrollado un vasto arsenal de misiles balísticos y drones de ataque, relativamente baratos, pero capaces de alcanzar objetivos en Israel y activos estadounidenses.
Guerra Cibernética: Una capacidad creciente para atacar infraestructuras críticas del adversario.
La Estrategia Israelí: "Telaraña de Hierro" y "Guerra entre Guerras" (MABAM)
Israel, con su superioridad tecnológica, busca contener y disuadir a Irán:
Superioridad Tecnológica: Mantiene una ventaja cualitativa en tecnología militar, con sistemas de defensa aérea de vanguardia como la Cúpula de Hierro (para cohetes), la Honda de David y Arrow (para misiles de mayor alcance).
Ataques Preventivos: Su doctrina permite ataques proactivos contra amenazas inminentes, especialmente relacionadas con el programa nuclear iraní o el despliegue de armas por proxies en Siria.
Operaciones "Guerra entre Guerras" (MABAM): Una campaña constante de ataques aéreos, operaciones especiales y ciberataques contra objetivos iraníes y de Hezbolá. El objetivo es degradar sus capacidades e interrumpir el flujo de armas sin desatar una guerra a gran escala.
Inteligencia: Una inversión masiva en inteligencia de clase mundial para monitorear cada movimiento de Irán y sus aliados.
Diplomacia: Trabaja incansablemente con EE.UU. y, más recientemente, con naciones árabes, para mantener las sanciones contra Irán y construir una coalición contra su influencia.
Fortalezas y Vulnerabilidades: Un Equilibrio Precario
Cada estrategia tiene sus ventajas y puntos débiles:
Ventajas de Irán: La asimetría le permite causar daños significativos a bajo costo. La negación plausible le da margen de maniobra. Su red de proxies le otorga profundidad estratégica. Además, el régimen ha demostrado una resiliencia notable ante las sanciones y la presión interna.
Vulnerabilidades de Irán: Su economía está estrangulada por las sanciones. La excesiva dependencia de proxies puede llevar a una pérdida de control. Le falta un poder militar convencional moderno, haciéndolo vulnerable a ataques directos. Además, ha sufrido asesinatos de figuras clave y sabotajes en sus instalaciones, evidenciando fallas en su seguridad interna.
Ventajas de Israel: Su superioridad tecnológica y militar es abrumadora. La doctrina MABAM le permite operar proactivamente sin ir a la guerra total. Su inteligencia superior es un activo crítico. La Cúpula de Hierro protege eficazmente a su población de ataques con cohetes.
Vulnerabilidades de Israel: El riesgo de una escalada incontrolada es siempre presente. El costo de la defensa es enorme. La dependencia de EE.UU. puede ser una debilidad. Y, a pesar de sus defensas, un ataque masivo y coordinado de drones y misiles podría abrumar sus sistemas. Además, sus acciones a menudo enfrentan críticas internacionales, erosionando su legitimidad.
Lecciones del Campo de Batalla Silencioso
Esta prolongada "guerra en la sombra" ha arrojado lecciones estratégicas cruciales:
La Era de la Guerra Híbrida: Este conflicto es un libro de texto sobre cómo estados con gran disparidad de poder pueden enfrentarse a través de una combinación de medios convencionales y no convencionales, estatales y no estatales.
El Poder de los Proxies: Los grupos armados no estatales son herramientas increíblemente efectivas para proyectar influencia y hostigar a un adversario, difuminando las líneas de responsabilidad.
La Importancia del Ciberespacio: Los ataques cibernéticos se han convertido en un arma potente para degradar la infraestructura del enemigo sin el uso de fuerza militar tradicional.
Drones y Misiles como Game Changers: La proliferación de estas tecnologías redefine la defensa aérea y la necesidad de sistemas defensivos multicapa.
Estrategia DIME Integrada: El éxito no se logra solo con poder militar. La capacidad de Irán e Israel para integrar sus herramientas Diplomáticas, Informativas, Militares y Económicas es fundamental.
Hacia el Futuro: Un Equilibrio Precario
El conflicto entre Irán e Israel no muestra signos de desaparecer. Se espera que continúe siendo una característica definitoria del panorama de seguridad de Oriente Medio.
Para Irán, las recomendaciones incluirían diversificar sus fuentes de poder más allá de lo militar, buscar una diplomacia más pragmática para aliviar las sanciones y realizar un cálculo más preciso de los riesgos de sus acciones.
Para Israel, la clave será expandir su disuasión más allá de lo militar ("disuasión integrada"), mejorar la gestión de la escalada para evitar una guerra total y seguir construyendo coaliciones amplias en la región.
Ambos actores navegan un equilibrio delicado. La guerra silenciosa en Oriente Medio es un recordatorio constante de cómo la asimetría, la tecnología avanzada y las redes de influencia se entrelazan para crear un escenario de tensión permanente, con implicaciones que se extienden mucho más allá de sus fronteras.

