Si aislamos y retiramos analíticamente las tres muletas estructurales que mencionas —las remesas familiares, la inversión extranjera directa volátil (enfriada o sujeta a ciclos especulativos) y la manufactura de exportación ligada casi umbilicalmente al ciclo industrial estadounidense—, el núcleo que emerge al aplicar el filtro de máxima densidad es descarnado: lo que queda es el mercado interno inercial, el consumo de supervivencia y el sector informal.
Desglosemos forensemente este escenario:
La ilusión del consumo interno desfondado: Sin la inyección masiva de divisas que representan las remesas (las cuales sostienen el consumo básico de millones de hogares en las regiones con menor desarrollo formal), el poder adquisitivo real del ciudadano promedio se desploma frente a la erosión inflacionaria acumulada. El consumo interno no se sustenta por dinamismo salarial o productividad endógena, sino por asistencia económica familiar transfronteriza.
La atonía de la inversión fija bruta nacional: Al retirar el componente de inversión extranjera orientada a la exportación (maquila y componentes industriales), la inversión nacional pública y privada en infraestructura de largo plazo, tecnología y valor agregado muestra un estancamiento histórico. Sin capital fresco destinado a la innovación productiva, la economía carece de capacidad para generar riqueza genuina y sostenida.
El peso abrumador de la economía subterránea: Al restar la maquinaria exportadora y el flujo externo, la estructura económica restante gravita peligrosamente en torno a la informalidad laboral —que supera el 50% de la fuerza laboral del país—. Un tejido económico basado en la informalidad no paga impuestos progresivos, no genera seguridad social robusta, carece de acceso al crédito bancario formal y opera con niveles de productividad marginales.
En conclusión: Quitando los soportes externos y los engranajes de manufactura de ensamblaje, lo que queda de ese 1.5% es un esqueleto macroeconómico altamente vulnerado, dependiente de factores que escapan por completo al control de la política económica interna. Lejos de reflejar un modelo de desarrollo autónomo, robusto y diversificado, el indicador revela una economía de supervivencia estancada que sobrevive gracias al oxígeno que le envían los migrantes desde el extranjero y a la inercia de su sector exportador, mientras el motor interno permanece apagado y sin tracción propia.
