Profesor Bigotes
Cuatrocientos cinco millones de pesos es una cifra que carece de rostro, pero pesa como el plomo en el tejido social. La cifra, reportada por la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo (CANACO SERVYTUR), no es un número frío; representa la fractura operativa de negocios que simplemente dejaron de existir bajo la presión de las movilizaciones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). La violencia y el vandalismo no son tácticas de negociación, son hachazos directos contra el sustento de miles de familias.
Este descalabro económico no ocurre en el vacío. El bloqueo de vías y el estrangulamiento de la actividad comercial generan una parálisis sistémica que desestabiliza la paz pública. La exigencia docente, cuando se transmuta en sabotaje, pierde su legitimidad frente a la realidad del asfalto: los comercios cerrados no pagan nóminas y los proveedores detienen su flujo. La lógica de la fuerza bruta solo engendra miseria.
La justificación de estas acciones bajo el estandarte de la lucha sindical es insostenible ante la evidencia de los daños patrimoniales y el trauma social infligido a las ciudades afectadas. Se trata de un mecanismo donde el conflicto se vuelve un fin en sí mismo, dejando a su paso una estela de incertidumbre que ahuyenta la inversión y desarticula la convivencia urbana. La economía es un ente frágil que, una vez roto, no se repara con promesas políticas.
La urgencia radica en restaurar el Estado de derecho como única garantía para la supervivencia del sector servicios. No hay diálogo posible mientras la herramienta principal sea el quebranto ajeno; la exigencia de soluciones debe pasar por la legalidad y el respeto a la actividad privada que mantiene a flote al país. Si la educación busca el progreso, no puede edificarse sobre la ruina del presente.
Actuar ahora es vital. La recuperación exige que el orden y la ley prevalezcan sobre la disrupción, asegurando que el comercio pueda operar sin el miedo al próximo bloqueo. Aprender a construir puentes en lugar de levantar muros es la única lección que realmente importa para evitar que esta hemorragia financiera siga desangrando el futuro de la nación.
