El Laberinto de la Mente Hiperconectada
Durante décadas, el sistema clínico etiquetó el TDAH como un trastorno del desarrollo que "desaparecía" con la pubertad. Hoy sabemos que el 60% de los niños trasladan esa estructura sináptica a la adultez. No es que el déficit se cure; es que el adulto aprende a construir fachadas de funcionalidad que agotan su batería cognitiva antes del mediodía.
En el cerebro adulto con TDAH, la red de "modo predeterminado" (la que nos hace soñar despiertos) no se apaga cuando entra en juego la red de "atención ejecutiva". Es como intentar conducir un coche con el freno de mano puesto y el motor a 7,000 revoluciones. El resultado no es falta de atención, sino incapacidad de filtrar el ruido.
Más allá de la distracción, el adulto enfrenta:
Ceguera Temporal: Una incapacidad crónica para calcular cuánto duran 15 minutos, lo que destruye la puntualidad.
Parálisis por Análisis: El exceso de opciones bloquea la ejecución (el "muro de la procrastinación").
Desregulación Emocional: Pequeños estímulos generan respuestas desproporcionadas debido a una amígdala que no recibe el freno del prefrontal.
El tratamiento no es solo farmacológico (estimulantes que equilibran la dopamina). Diseñar un entorno físico que actúe como un "cerebro externo" (listas inmutables, bloqueadores de ruido y rutinas de alta densidad).

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