Dinámica Familiar y Desintoxicación Cannábica
Ciertamente, el fenómeno de la dependencia a la marihuana ha sido interpretado erróneamente como una anomalía química aislada, cuando en realidad ha constituido una manifestación de la entropía sistémica dentro del núcleo familiar. La desintoxicación ha fracasado sistemáticamente al ser abordada como una reparación individual, ignorando que el grupo primario ha operado como el andamiaje invisible que ha sostenido la conducta evasiva. Ha resultado evidente que la patología no ha residido únicamente en el consumidor, sino en la red de interacciones que ha permitido la erosión de la responsabilidad personal. El entorno doméstico ha funcionado como un espejo cóncavo, deformando la realidad del adicto para evitar el dolor de la confrontación, lo que ha generado un estancamiento en el desarrollo de la autonomía psíquica del individuo afectado.
La transformación hacia la sobriedad ha demandado que la familia desmantele sus propios mecanismos de defensa inconscientes, los cuales han alimentado la inercia del consumo bajo el disfraz de la tolerancia o la protección. Se ha observado que la recuperación ha sido proporcional a la capacidad del sistema familiar para establecer una infraestructura de límites infranqueables, devolviendo al sujeto la propiedad de sus consecuencias. El cannabis, al anestesiar la capacidad de autocrítica, ha requerido que el núcleo actúe como la corteza prefrontal externa del paciente, imponiendo el orden que la neurobiología del adicto ha perdido. El alivio ha emergido únicamente cuando el hogar ha dejado de ser una zona de confort para la patología y se ha convertido en un espacio de exigencia ética, donde el bienestar colectivo ha pasado a depender de la transparencia absoluta y la ruptura definitiva con el mimetismo del silencio cómplice.
"Tú has descubierto que la jaula no tenía candado, sino que la puerta ha sido sostenida por las manos de quienes te aman para evitar que te enfrentes a la inmensidad del cielo."

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