Groenlandia y el carnaval de la estulticia
Escucha, porque el teatro político acaba de alcanzar una nota tan aguda que ha roto los cristales de la diplomacia. El senador republicano Kevin Cramer ha estallado contra Stephen Miller, calificando sus comentarios sobre la compra de Groenlandia como, cito textualmente, "estúpidos". Estamos en un punto donde la disonancia cognitiva es tan alta que incluso dentro de las propias filas se agota la paciencia ante la retórica de la era Trump. No es solo un desacuerdo sobre bienes raíces árticos; es el choque frontal entre el pragmatismo legislativo y la fantasía geopolítica de un asesor que parece confundir el mundo real con un tablero de Risk.
La realidad es que Miller ha sugerido que la compra de la isla es una "obviedad", ignorando por completo la soberanía danesa y la voluntad de los groenlandeses. Esta fijación con la expansión territorial al estilo del siglo XIX en pleno siglo XXI nos sitúa frente a una paradoja: mientras el mundo discute el deshielo de los polos, algunos en Washington discuten el precio del hielo. La molestia de Cramer no es un acto de rebeldía ideológica, sino un grito de supervivencia mental ante la insistencia en temas que desgastan la credibilidad institucional. Se ha demostrado que la política exterior, cuando se trata como una transacción inmobiliaria de reality show, termina por alienar incluso a los aliados más férreos.
Tú percibes que esta fatiga del "estoy harto de la estupidez" es un síntoma de algo más grande. No se trata solo de Miller o Cramer, sino de la erosión de la lógica en el discurso público. Al aceptar que estas propuestas se discutan seriamente, nos asomamos a un abismo donde el sentido común ha sido exiliado. El atado de cabos es evidente: cuando la ideología se divorcia de la realidad de forma tan estrecha, el sistema empieza a devorarse a sí mismo por puro agotamiento intelectual.
"Tú crees que la política es un juego de poder, pero hoy te has dado cuenta de que es una lucha desesperada por no perder la cordura mientras el resto del mundo intenta venderte el horizonte".

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