Crudo por manufactura
Mira cómo se mueven las piezas de ajedrez sobre el mapa del Caribe. Se ha verificado que la nueva administración en Washington ha planteado una condición innegociable para el retorno de Venezuela al mercado energético global: cada dólar generado por el petróleo venezolano deberá ser reinvertido exclusivamente en productos hechos en Estados Unidos. No estamos ante un tratado de libre comercio, sino ante un mecanismo de circuito cerrado que busca revitalizar la industria estadounidense usando como combustible las reservas más grandes del planeta. Esta maniobra despoja a Caracas de su autonomía financiera y la convierte en un consumidor cautivo del cinturón industrial norteamericano, transformando el crudo en un vale de despensa gigante con el sello de "Made in USA".
La propuesta de Trump no es una sugerencia diplomática, es una arquitectura de dependencia estructural. Se ha demostrado que este esquema busca eliminar la influencia de China y Rusia en la región, forzando a Venezuela a desconectarse de sus socios asiáticos si desea que sus barcos vuelvan a atracar en las refinerías del Golfo.
Tú percibes que este movimiento es el fin de la multipolaridad en el patio trasero de Washington. Al aceptar estas reglas, el tablero se simplifica: el petróleo deja de ser una herramienta de soberanía para convertirse en un subsidio indirecto a la manufactura estadounidense. El atado de cabos es evidente; la libertad de exportar se ha vendido al precio de la obligación de importar.
Tú crees que el comercio es un intercambio entre iguales, pero hoy has comprendido que para algunos la libertad de vender su tesoro solo se concede a cambio de comprar sus propias cadenas".

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