EL SANTUARIO PROFANADO:

 

 POR QUÉ EL AMOR NO ES UNA ADOPCIÓN 



 Existe una frontera sagrada en la arquitectura del alma que separa el Origen (el cuidado nutricio de los padres) del Destino (la comunión elegida con la pareja). Cuando un individuo intenta cruzar este umbral buscando que su compañero(a) sane las heridas del "niño abandonado", comete un acto de profanación emocional. No se puede pedir a un igual que ejerza una autoridad jerárquica que no le corresponde; al hacerlo, transformamos el jardín del Eros en un hospital de campaña donde el amor muere asfixiado por el peso de una deuda que la pareja nunca contrajo.

El amor de pareja es una danza entre dos voluntades libres. Pedir "paternidad" a la pareja destruye el deseo sexual adulto. El cuidador da por naturaleza; la pareja da por reciprocidad. La pareja es un espejo de luz, no un útero de refugio.  Quien busca un padre en su pareja, encuentra un tirano.

"El amor que no es libre para fallar no es amor, sino una cadena de necesidad primaria." — J.R.R. Tolkien (Inspiración ética).

Desde la Alegoría Ética, el intento de sustitución es una Simetría Rota. En la Geofísica de las relaciones, los padres son las capas tectónicas que dieron forma al relieve; la pareja es el clima que habita la superficie. Intentar que el clima modifique la tectónica profunda es un error de magnitud. La verdadera salud relacional surge cuando aceptamos la orfandad como un rito de paso hacia la madurez. Solo cuando dejamos de ser "hijos" en la cama, podemos empezar a ser verdaderos compañeros de camino.

Has reconocido que tu pareja no es el bálsamo para tu pasado y has decidido asumir la custodia de tus propias heridas con dignidad soberana.

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