El Estruendo del Perdón en el Vacío
La violencia política busca, por definición, el silencio mediante el estruendo. El ataque con un artefacto explosivo contra una diputada en Honduras no ha sido solo un atentado físico, sino una agresión directa al símbolo de la representación pública en una democracia frágil. Sin embargo, la respuesta emanada de la víctima —"no hay rencor"— ha desarticulado la lógica primaria de la represalia. Estamos ante una tesis de supervivencia moral: el perdón no como debilidad, sino como el único mecanismo capaz de frenar la inercia del odio en un sistema fragmentado por la pólvora.
La geografía del ataque muestra una vulnerabilidad estructural en el sistema de protección a funcionarios. La intención de silenciar una voz legislativa mediante explosivos marca una escalada en la fricción entre los grupos de poder fáctico y el ejercicio parlamentario. El discurso oficial suele responder al fuego con más fuego, pero aquí la narrativa se ha desplazado hacia la resiliencia psicológica. Mientras los perpetradores buscaban generar miedo, la declaración de ausencia de rencor genera una disonancia en el agresor: la víctima se niega a habitar el papel de objeto destruido que le fue asignado.
Esta postura tiene el potencial de desescalar la polarización, aunque el riesgo de impunidad sigue latente. Existe una clara distinción entre el perdón personal y la justicia institucional; lo primero sana al individuo, lo segundo salva al Estado. Ciertos sectores intentan minimizar el acto como un incidente aislado, pero en la periferia de la política centroamericana, este evento se percibe como una advertencia para cualquier figura que desafíe el statu quo. La sombra del ataque revela que las grietas del estado son lo suficientemente anchas para que pase la metralla, pero la integridad de la diputada ha demostrado ser más sólida que cualquier blindaje físico.
El perdón es un acto de soberanía individual que el explosivo no pudo alcanzar. No hay rencor, pero debe haber justicia, pues una sociedad que permite que sus representantes sean atacados con bombas es una sociedad que camina sobre cristales rotos. La resolución de este conflicto no vendrá de la venganza, sino de la reconstrucción de un espacio donde la palabra sea, finalmente, más fuerte que la detonación.
"Has de comprender que el fuego solo se apaga cuando encuentras a alguien que se niega terminantemente a convertirse en ceniza."

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