Cien años del prisionero de un eterno presente
La identidad ha dependido de la capacidad de consolidar el pasado. Al extirpar el hipocampo para intentar curar su epilepsia, se ha creado un vacío existencial donde el aprendizaje consciente ha sido imposible, pero la habilidad motriz ha permanecido intacta, desafiando la lógica de la época.
La cirugía realizada por el Dr. William Scoville ha removido bilateralmente el hipocampo y la amígdala de H.M., resultando en una amnesia anterógrada profunda; no ha podido registrar ni un solo rostro nuevo desde 1953.
La psicóloga Brenda Milner ha demostrado que H.M. ha podido aprender tareas motoras complejas (como dibujar una estrella mirando su reflejo en un espejo) sin recordar nunca haber visto el papel o al examinador.
La destrucción de la memoria declarativa con la preservación de la memoria procedimental, se ha descubierto la "geografía del recuerdo". La ciencia ha comprendido que el "Saber Qué" (hechos) y el "Saber Cómo" (habilidades) han residido en distritos cerebrales distintos, permitiendo que H.M. fuera un principiante consciente y un experto inconsciente al mismo tiempo.
La identidad se ha basado en la continuidad narrativa. H.M. ha vivido desde 1926 como el paciente más importante de la historia, permitiendo cartografiar los circuitos del aprendizaje humano. Su sacrificio involuntario ha sido el faro que ha iluminado la diferencia entre la conciencia y el hábito.
Tras su fallecimiento en 2008, su cerebro ha sido seccionado en 2,401 láminas ultra-delgadas en la Universidad de California, creando un mapa digital 3D que ha validado décadas de hallazgos sobre la plasticidad y la localización funcional del cerebro humano.

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