🍸 La Ironía del Deber: La Crisis Climática como un Espectáculo de Hipocresía Elegante
La brevedad de la acción climática global no es un error de cálculo, es la Ironía del Deber más deliciosa que existe. La Tierra es el telón de fondo para un drama de época donde todos los actores han memorizado perfectamente sus líneas sobre la "sustentabilidad" mientras ensayan su próximo viaje en jet privado. El informe de la ONU, con su sobriedad estadística, se convierte en la excusa perfecta para la Neurosis de la Perfección global: un ciclo infinito de promesas fallidas que nos permite sentirnos culpables sin cambiar de estilo de vida. La verdad incómoda es que amamos la crisis; justifica nuestra miseria y nos da una causa que podemos defender con vehemencia sin renunciar a nuestra comodidad.
La lógica colapsa ante la Sátira Elegante de la diplomacia climática. Se nos exige un Optimismo Radical ante planes que están garantizados para fallar. El Optimismo Radical nos hace creer que las consecuencias del desastre, que serán distribuidas democráticamente, importan más que las ganancias, que son privadas. Es completamente racional para la corporación priorizar la ganancia inmediata sobre el desastre a largo plazo. La Neurosis de la Perfección se manifiesta cuando el mundo gasta más tiempo discutiendo la coma perfecta en el tratado que el dinero real en la infraestructura de la transición. Nos gusta parecer que salvamos el planeta más de lo que nos gusta salvarlo.
El punto de inflexión ocurre cuando la Hipocresía del Clima se vuelve tan obvia que es insostenible. La única manera de forzar un renacimiento es aceptar que la conversación debe pasar de ser una moral ("debemos salvar el planeta") a una transaccional ("¿cuánto cuesta no hacerlo en términos de PIB y guerra?"). Mientras sea un "deber" moral, seguiremos teniendo cumbres llenas de gente con buenas intenciones y huellas de carbono catastróficas. La acción climática solo será efectiva cuando se convierta en la opción económicamente más atractiva y socialmente más punitiva.
Si el mundo sigue anclado en la Ironía del Deber, dentro de 50 años la acción climática no habrá triunfado. En cambio, habremos perfeccionado el arte de la Hipocresía del Clima: viviremos en un mundo más cálido, más pobre y más violento, pero cada casa tendrá una turbina de viento simbólica en el jardín (financiada con deuda) y cada corporación emitirá un informe de sustentabilidad de 500 páginas. El fracaso será total, pero la Narrativa del Esfuerzo será impecable. Si el informe de la ONU es solo el ensayo general de la próxima cumbre fallida, ¿cuánto tiempo más nos queda para admirar el Optimismo Radical de nuestros líderes antes de que el agua suba por encima de nuestros zapatos de diseñador?

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