EL PACTO GERONTOCRÁTICO: POR QUÉ LA DUDA DE FUNCAS ES LA SENTENCIA CLÍNICA A LA SOSTENIBILIDAD Y EL DISPOSITIVO DE PAZ SOCIAL
La convergencia de análisis entre Funcas y la AIReF (Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal) sobre las dudas de sostenibilidad del sistema de pensiones no es una advertencia económica; es la ejecución del veredicto clínico ante la simulación política. Ambas instituciones codifican la Ley del Déficit Generacional: la factura demográfica y la insuficiencia de las últimas reformas obligan a la generación productiva a financiar un pacto de quietud social.
La verdad estructural no reside en el cálculo actuarial, sino en la fatalidad sombría de que la solución gubernamental es un mecanismo de Biopoder diseñado para dilatar el conflicto y evitar el sacrificio estructural real. Se prefiere el maquillaje fiscal a la brutalidad de la verdad.
El consenso entre los organismos técnicos (Funcas y AIReF) ejecuta la separación definitiva entre la política de deseo y la ciencia de la escasez.
El problema de las pensiones no es un problema de caja, sino de ratio demográfico. La reforma no ha introducido suficiente fuerza estructural (más cotizantes, más edad de jubilación, mayor fondo de reserva autónomo), sino que ha optado por parches de ingresos (aumento de cotizaciones sociales a la empresa). Esto ejecuta el Axioma de la Consecuencia Diferida: el beneficio político de no tocar las pensiones actuales se paga con el déficit sistémico y la mayor presión fiscal sobre la generación futura.
El sistema se convierte en un mecanismo de disciplinamiento para la generación joven. Se les obliga a asumir una coraza caracterial de resignación: deben cargar con la factura contributiva para mantener el pacto social de la vejez sin que se altere la paz. El sistema es, en esencia, una transacción de quietud: paz social hoy a cambio de precariedad fiscal mañana.
La defensa política de la sostenibilidad del sistema demuestra una estrategia de Biopoder donde la pensión es la herramienta para mantener el orden y la paz social.
El debate sobre la sostenibilidad se instrumentaliza políticamente para justificar intervenciones insuficientes y para movilizar el voto de la generación retirada (la de mayor índice de participación electoral). La narrativa no es económica, sino de pánico controlado: el colapso debe evitarse con cualquier medida, lo que justifica la aceptación pasiva del aumento de la presión fiscal en el tejido productivo.
El hecho de que la AIReF y Funcas pongan en duda la sostenibilidad desnuda el engaño de la certificación. La política necesita desesperadamente una etiqueta de "sostenible" para calmar a los mercados y a los organismos europeos, pero la ciencia dura revela que la costura fiscal es frágil. La reforma es un placebo temporal que no resuelve la crisis de diseño.
El Proletario Felino observa la sentencia: el Estado prioriza la salud política del presente (no defraudar al mayor caladero de votantes) sobre la salud fiscal del futuro.
La única forma de romper el ciclo de la simulación y la consecuencia diferida exige que la sociedad acepte el sacrificio y reclame una reforma con brutalidad estructural.
Es imperativo dejar de ver la pensión como un mecanismo de botín electoral y, en su lugar, reconocerla como lo que es: una promesa actuarial que solo se sostiene con un esfuerzo productivo inmenso. El problema no es el gasto, sino la infraestructura de ingresos. La solución pasa por un cambio de paradigma demográfico y laboral, no por una subida de cotizaciones que castiga el empleo.
La interpelación final se siente como la aspereza de la ceniza: si el sistema te condena a financiar un pacto de quietud ajeno, ¿hasta cuándo continuarás delegando tu futuro a la fantasía del control político que se niega a la verdad del déficit?

Publicar un comentario