EL CONTRATO ROTO: La Marea del Miedo Colectivo


Atestigua el continente la masa, la marea humana que desborda las avenidas de Portugal. Registra el termómetro social una fiebre: decenas de miles se manifiestan contra la reforma laboral. No se trata simplemente de la cláusula o el ajuste específico; presénciase la manifestación visual de una fisura profunda en el pacto social. Juzga el individuo, a pie de calle, que la estabilidad prometida por el Estado y el Capital es una promesa hueca.

Impone la lógica económica la flexibilidad como dogma. Requiere el mercado global cuerpos maleables, contratos efímeros, una fuerza de trabajo siempre lista para la disolución. Divisa la clase trabajadora, sin embargo, que su dignidad no reside en esa fluidez, sino en la permanencia, en la certeza del mañana. Se confrontan dos axiomas irreconciliables: la necesidad del sistema por la velocidad frente a la exigencia humana por el arraigo. Deniega el sistema la posibilidad de construir un futuro sobre cimientos inestables. Rehúsa la multitud la sustitución del contrato laboral por el riesgo sistémico.

La fuerza motriz que une a esta muchedumbre no brota de la ideología, sino del pánico. No llama la bandera del partido, sino el fantasma de la precariedad que amenaza el núcleo familiar. Descúbrese que la protesta masiva no es una lucha política, sino una respuesta primal y defensiva del cuerpo social ante la inminencia de la disolución económica. Percibe el individuo que la reforma laboral no es solo una ley; es la legalización de la vulnerabilidad existencial. Avanzó el sistema a un punto donde la supervivencia exige la restricción de derechos, y la respuesta colectiva declara que la vida no se negocia al precio de la zozobra.

Subsiste la pregunta suspendida en el aire, densa como el clamor de la multitud. Precísase entender que mientras la élite económica y política persista en desmantelar la única armadura de estabilidad que posee la ciudadanía, la marea continuará regresando, cíclica y furiosa. Sanciona la historia a los gobiernos que confunden el silencio con el consentimiento. Vislumbra el horizonte cómo la reforma laboral solo logra una cosa: transformar la pasividad individual en una conciencia colectiva de resistencia inquebrantable. Establécese que la flexibilización genera, inevitablemente, la inflexible unión del trabajador.

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