LA FARSA DEL PASAPORTE Y EL SHOW DE LA DIGNIDAD
CÓMO UNA TARJETA DE PLÁSTICO INTENTA CENSURAR UN DISCURSO GLOBAL
El arte de la diplomacia ha sido reemplazado por la comedia de enredos. En un rincón, tenemos a un presidente que usa una protesta en la calle para pedirle a los soldados de una potencia que desobedezcan órdenes. En el otro, tenemos a esa misma potencia respondiendo con el castigo más pintoresco de todos: la anulación de la visa. El Departamento de Estado lo llamó "imprudente e incendiario", pero lo que realmente lograron fue un perfecto ejemplo de **Disonancia Cognitiva**.
La disonancia no es solo un concepto psicológico; es la crisis de un sistema que dice ser el campeón de la libertad, pero sanciona la disidencia con la misma rapidez con la que se quita un *post* de una red social. Es el momento incómodo en el que la creencia ("Somos la nación de la libertad de expresión") choca con la acción ("Te castigo por tu expresión"). ¿Cómo se resuelve esta tensión? Sencillo: desacreditando la fuente. El problema no es el genocidio, es que el presidente es un "incendiario".
Esta jugada es un clásico. Es un intento por reducir una declaración de ética internacional (la crítica a un presunto genocidio y el llamado a la paz) a un simple asunto de inmigración. Es la burocracia usada como mordaza. Pero el **Cronista Felino** observa que el único efecto real es el refuerzo de la narrativa de Petro como víctima, como el único valiente que se atrevió a hablar la "verdad en su cara". La visa es un trofeo, no una vergüenza.
Si el propósito era silenciar, el resultado es el opuesto. El incidente no solo elevó el perfil del discurso de Petro a titular mundial, sino que también abrió un debate incómodo sobre la inmunidad de los jefes de Estado en la sede de la ONU, tal como él mismo señaló. Como dijo **Primo Levi**, cuando se impide la comunicación, las demás libertades mueren por inanición. El mensaje de Washington es claro: La libertad de expresión es bienvenida, siempre y cuando no se ejerza en su contra. De lo contrario, le quitaremos el pasaporte a la disidencia para que se quede en casa pensando en lo que dijo. El chiste se cuenta solo.
¿Quién es el verdadero "incendiario": el que grita en la calle o el que quema los puentes de la diplomacia por una crítica?

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