EL GRAN VACÍO: LA NEUROSIS DEL ORIGEN
En el eco de la mente, la infancia se desvanece como una canción olvidada. No podemos recordar nuestros primeros años, y la ciencia nos obliga a preguntarnos: ¿qué es lo que se oculta en el abismo de nuestra memoria?
Pero una mirada más profunda, desde el psicoanálisis social, nos invita a una segunda lectura. No somos solo biomasa, no somos solo el resultado de un algoritmo genético. Somos un cúmulo de narrativas, de miedos y de ansiedades. Y nuestra amnesia infantil es el primer gran acto de represión de nuestra psique. Al no recordar nuestros orígenes, nuestras mentes pueden crear un "yo" desde cero, una historia que nos haga creer que somos quienes estamos destinados a ser. Es la primera gran mentira que nos contamos a nosotros mismos, el primer acto de una obra que durará toda nuestra vida.
No tenemos recuerdos de cuando éramos bebés, no porque la memoria nos falle, sino porque el subconsciente nos protege de la verdad. ¿Qué haríamos si recordáramos el caos, la incertidumbre, la falta de control absoluto que se vive en los primeros años de vida? No somos adultos que maduraron, somos supervivientes de una guerra que olvidamos. Y el olvido no es una falla, sino un regalo, un acto de piedad del subconsciente para que podamos construir una vida sin el peso de nuestra primera gran derrota.
La amnesia infantil no es una falla, sino un acto de piedad del subconsciente.
El vacío de nuestra infancia no es solo un enigma personal, es un fenómeno colectivo. Nos obliga a buscar constantemente un sentido de origen, una narrativa que nos ancle a algo sólido. Esta búsqueda se manifiesta en la idealización de la niñez, en la nostalgia por una época que no podemos recordar pero que anhelamos como un paraíso perdido. Es la gran mentira que se nos vende en la cultura popular, un mito del "inocente" que nunca existió. La neurosis social se alimenta de esta idealización, de esta necesidad de creer en un pasado perfecto para justificar las fallas de nuestro presente. Vivimos en un estado de negación perpetua, construyendo identidades sobre cimientos de fantasía. Y en el fondo, sabemos que esta estructura es frágil, que en cualquier momento un recuerdo olvidado, un eco de una verdad reprimida, podría derrumbar el castillo de naipes que hemos construido.
El telón baja, el show ha terminado. Pero la pregunta flota en el aire, una pregunta que nos interpela a todos.

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