La Asimetría Revelada: El Rostro Oculto de la Luna bajo la Lupa de Chang’e-6
La veracidad del hallazgo reside en la composición del manto. Bajo la óptica de la Geofísica de Wegener, se ha observado que el lado oculto de la Luna actuó como un "escudo térmico". Mientras que la cara visible sufrió un estiramiento de la corteza debido a las fuerzas de marea terrestres —facilitando el ascenso de magma y creando los mares oscuros—, el lado oculto mantuvo una rigidez estructural que preservó los registros de los impactos más antiguos del sistema solar. Chang’e-6 ha confirmado que no existe una "partición" física, sino una diferencia de enfriamiento que convirtió a la Luna en un fósil planetario de dos caras.
Las muestras de Chang’e-6 contienen fragmentos de basalto de hace 2,800 millones de años, lo que demuestra que la actividad volcánica en el lado oculto fue mucho más persistente de lo que predecían los modelos previos.
La cuenca Polo Sur-Aitken, donde aterrizó la sonda, tiene una profundidad de hasta 8 kilómetros, revelando capas del manto inferior que nunca antes habían sido expuestas al análisis humano.
La escasez de mares en el lado oculto no se debió a una falta de calor interno, sino a la dificultad del magma para perforar una corteza mucho más densa y fría. La misión china ha demostrado que la Luna es un cuerpo geológicamente activo en su historia tardía, desafiando la idea de que se "apagó" prematuramente. La Luna no está partida; está grabada con dos historias diferentes en una sola piedra.
El éxito de Chang’e-6 no es solo científico, sino una maniobra de **Realpolitik** espacial. Al ser los primeros en recoger muestras de la cara oculta, el sistema científico chino ha tomado la delantera en la caracterización de los recursos lunares (como el Helio-3). La veracidad es geopolítica: quien comprenda primero la arquitectura del lado oculto, dominará la logística de las futuras bases permanentes. La Luna se ha convertido en el nuevo tablero de ajedrez donde el dato es el territorio.







