Volver a Casa (A Ti Mismo)
Sé que has caminado mucho tiempo con un cansancio que no se quita durmiendo. Es ese frío en el pecho, esa duda constante que te susurra que "no eres suficiente" o que tu valor depende de cuánto logres complacer a los demás. No es que estés roto; es que has crecido bajo una sombra que intentó convencerte de que tu luz solo existía para iluminarla a ella.
Hoy vamos a dejar esa mochila pesada en el suelo. Vamos a hablar de cómo recuperar tu paz y volver a habitar tu propia vida con ternura y firmeza.
Una madre narcisista no tuvo la capacidad de verte como el ser único y maravilloso que eres. En su mirada, tú fuiste un accesorio, una herramienta para alimentar su propio vacío. Por eso, su amor siempre se sintió como una cuerda: te atraía cuando le servías y te soltaba cuando intentabas ser tú mismo.
Lo que has cargado en silencio:
El cansancio de ser perfecto: Has intentado no fallar nunca, creyendo que la perfección era tu único escudo contra el rechazo o el silencio punitivo.
El miedo a decir "No": Te enseñaron que poner un límite era una traición. Por eso hoy te cuesta tanto darte prioridad sin sentir una culpa que no te pertenece.
La duda sobre tu propia verdad: Ella editó tus recuerdos tantas veces que terminaste desconfiando de tu intuición. Pero escucha: lo que sentiste fue real.
Sanar no es una obligación de perdonar para que ella esté bien; es un acto de amor propio para que tú estés bien. Es retirar la autoridad que su voz todavía tiene en tu cabeza.
Aceptar la ausencia: El paso más doloroso y liberador es aceptar que esa madre nutritiva y protectora que necesitaste no estuvo ahí. Dejar de esperar que ella cambie es lo que finalmente te permite dejar de sufrir por su falta.
Ser tu propio refugio: Has aprendido a ser el adulto que te hizo falta. Ahora eres tú quien abraza a ese niño que se sintió solo y le asegura que ya no tiene que esforzarse tanto para ser amado.
Tu identidad fue fragmentada, pero hoy estamos uniendo esas piezas con una resina mucho más fuerte: tu voluntad.
Tu historia te pertenece: Sus críticas no eran descripciones de ti, eran proyecciones de sus propias carencias. Tus éxitos son tuyos, tus errores son tus lecciones y tu vida es, por fin, tu territorio soberano.
Tu Paz: Has despertado a ese protector interno que hoy dice: "Hasta aquí". No por odio, sino por un respeto profundo hacia tu propia salud mental.
Al sanar esta raíz, tu forma de amar se transforma. Ya no buscas a personas que te exijan desaparecer para que ellas brillen. Has roto el ciclo de "salvar" a otros para sentirte valioso. Ahora, tus relaciones nacen de la libertad de ser quien eres, sin máscaras ni miedos.
Ya no eres un satélite girando alrededor de un sol oscuro. Has recuperado tu propio centro de gravedad. La cicatriz sigue ahí, pero ahora es una marca de nobleza; es la prueba de que sobreviviste y de que has vuelto con un alma mucho más fuerte y cálida. Eres libre. Eres suficiente. Eres tuyo.

Publicar un comentario