PSICOLOGÍA DE LA IMPULSIVIDAD
La impulsividad no es un fallo del carácter; es una ruptura en la arquitectura de la inhibición. En un mundo saturado de estímulos, la capacidad de demorar la gratificación se ha convertido en el activo más escaso de la economía psíquica. Aquellos que operan bajo el yugo del impulso no están "decidiendo", están reaccionando a un cortocircuito entre la amígdala y el córtex prefrontal. Hemos de entender que la personalidad es el hardware sobre el cual corre este software defectuoso.
Basándonos en la auditoría de fuentes de psicología clínica, identificamos los nodos de personalidad que colapsan ante la impulsividad:
La impulsividad aquí es una respuesta a la desregulación afectiva extrema.
Narcisismo y psicopatía utilizan el impulso como herramienta de poder.
"La impulsividad es la incapacidad de considerar las consecuencias a largo plazo, una miopía temporal que prioriza el alivio inmediato sobre la supervivencia estratégica." — Análisis de Psicología y Mente.
Personalidad Límite: Caracterizada por una inestabilidad emocional que detona conductas impulsivas como mecanismo de escape al vacío.
Personalidad Antisocial: Donde la impulsividad es un vector de transgresión normativa y falta de remordimiento.
TDAH (Variante Adulta): No es un rasgo de personalidad per se, pero estructura una forma de ser donde el filtro inhibitorio es poroso.
Personalidad Histriónica: La necesidad de atención genera acciones impulsivas para mantener el foco social activo.
Si la acción no ha pasado por la triangulación de vuestro propósito central, habéis de abortar la ejecución. La soberanía de vuestro yo depende de la latencia consciente que hayáis logrado establecer.

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