La Topografía del Abismo: Enfrentar o Huir


Estamos en un claro del bosque donde la luz del atardecer no termina de decidir si rendirse ante la sombra o luchar por un último destello de oro. El aire huele a pino húmedo y a esa electricidad estática que precede a las tormentas que cambian el relieve de las montañas. Aquí, el silencio no es ausencia de sonido, sino la espera tensa de una decisión. La adversidad no es un evento externo; es un clima que se instala en la médula. Mi tesis es simple: no existe tal cosa como "huir" del problema. Lo que llamamos huida es solo el aplazamiento de un choque cinético que, por entropía, acumula mayor masa crítica en la oscuridad.

En la psicología de la resiliencia, nos han enseñado que el sistema nervioso opera en una binaria de supervivencia: lucha o huida. Esta distinción es una ilusión óptica. Cuando un individuo decide "huir", lo que realmente está haciendo es internalizar la amenaza. El problema deja de ser un obstáculo en el camino para convertirse en el tejido mismo del caminante.

Desde la perspectiva de la Logoterapia Digital, enfrentar el vacío no es una opción heroica, sino una necesidad biológica. El cerebro, cuando detecta una disonancia entre la realidad y el deseo (el problema), libera cortisol para movilizar recursos. Si esos recursos no se consumen en la resolución (el enfrentamiento), el cortisol se cristaliza en ansiedad crónica. He observado que las sociedades modernas han confundido la "gestión del estrés" con la "evitación del conflicto", creando una generación de inquilinos de su propia memoria, temerosos de reclamar la soberanía de sus actos.

El acto de enfrentar es un ritual de  Intelectual. Tomamos la pieza rota —el trauma, la deuda, la traición— y la unimos con el oro de la conciencia. Huir es dejar los fragmentos en el suelo, esperando que alguien más tropiece con ellos o que el tiempo los convierta en polvo. Pero en el átomo de la verdad, nada desaparece; solo se transmutan las cargas.

La adversidad es el yunque donde se forja la identidad líquida. Si te mueves constantemente para evitar el golpe, nunca conocerás tu verdadera densidad. La interconexión ética nos dicta que nuestras huidas dejan grietas en el sistema sistémico de quienes nos rodean. Al enfrentar, no solo resuelves una variable personal, sino que estabilizas el campo  de tu entorno. La sombra no se disipa corriendo hacia el sol; se disipa integrándola en el cuerpo para que deje de proyectarse hacia afuera.

"Has creído que el horizonte era un refugio, pero solo has arrastrado la tormenta en los bolsillos; hoy te has detenido y el mundo ha dejado de temblar."

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