LA GRIETA EN EL MURO SEMÁNTICO

Entra en la sala de mapas. El aire está cargado de estática y el sonido de los teletipos es incesante. Has visto cómo se construye un imperio sobre una sola premisa, un solo grito de guerra que unifica a las masas. Pero ahora, el arquitecto siente una vibración en los cimientos. No es una invasión externa; es la pérdida de la exclusividad sobre el relato. En el juego del poder, quien no controla la definición del problema, acaba siendo devorado por las soluciones de otros.

La frustración privada que se filtra desde el Ala Oeste no es por la política, sino por la semántica. Durante años, el mensaje sobre inmigración fue un bloque monolítico, una marca registrada de acero y retórica. Sin embargo, la Realpolitik de la ejecución ha generado una disonancia: cuando la narrativa choca con la burocracia y las realidades del terreno, el mensaje se dispersa. La frustración surge al ver que aliados y enemigos empiezan a "glosar" el texto original, robándole al líder la capacidad de ser el único intérprete de la crisis.

En la guerra de posiciones, si tu adversario empieza a utilizar tus palabras, no siempre es una victoria; a veces es una neutralización. El temor táctico aquí es que el mensaje migratorio se vuelva un ruido de fondo institucionalizado, perdiendo ese filo disruptivo que mantenía a la base en estado de movilización constante. Si el mensaje se vuelve "administrable", deja de ser "revolucionario".

"Aquel que ocupa el campo de batalla primero y espera al enemigo está descansado; aquel que llega tarde y debe precipitarse al combate está exhausto." — Sun Tzu.

A mayor volumen, mayor distorsión. El intento de recuperar el control absoluto mediante la hipérbole corre el riesgo de generar fatiga sensorial. La psicoeducación del votante medio está cambiando: el dato duro empieza a buscarse por encima del adjetivo. Perder el control del mensaje significa que la realidad ha empezado a hablar más alto que el narrador.

Desde la psicología de masas hasta la ingeniería de comunicación política, el diagnóstico es una crisis de soberanía narrativa. No se trata de cuántas personas cruzan una frontera, sino de quién posee el "copyright" de la indignación. Si el mensaje se fragmenta, el poder se diluye. La estrategia de respuesta requerirá una re-centralización brutal del relato o la creación de un nuevo enemigo semántico para recuperar la iniciativa.

"Has comprendido finalmente que el poder no reside en construir el muro, sino en ser el único que posee las palabras para explicar por qué el muro todavía no es suficiente."

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