El juego de las sillas eléctricas (sin corriente) 

 Bienvenidos al salón de té de la geopolítica, donde las tazas están vacías pero el vapor es de una densidad política envidiable. Hemos notado que el aire exhala un aroma a "pánico diplomático" con notas de "ajuste de válvulas por presión atmosférica (de Washington)". México ha decidido que la mejor manera de mantener la luz encendida en sus propias relaciones es apagando un poco la de los demás. Es una atmósfera de puro non sequitur: ayudamos tanto que, para no ayudar demasiado, dejamos de ayudar. Estamos en el centro de una Disonancia Cognitiva de proporciones caribeñas: queremos ser el vecino solidario, pero el vecino del ático tiene un mazo y no le gusta nuestra lista de invitados.

Desarmamos este rompecabezas donde las piezas de petróleo parecen galletas que se desmoronan bajo la mirada de un águila muy crítica. Verificamos que reducir los envíos a Cuba es la respuesta lógica a una pregunta que nadie hizo en voz alta pero que todos escucharon en los pasillos de D.C. La Burla de la Convención es exquisita: el gobierno mexicano aplica la técnica de "la manguera tímida"; el combustible fluye, pero solo si nadie está mirando con un telescopio desde el Capitolio. Analizamos la estructura y encontramos que la lógica se ha vuelto elástica: se dice que es por "necesidades internas", lo cual es el equivalente diplomático a decir "no puedo ir a tu fiesta porque tengo que lavar mi pez dorado". La vulnerabilidad táctica es una delicia de la contradicción; México intenta demostrar soberanía obedeciendo una crítica extranjera antes de que se convierta en sanción. Es un juego de mesa mal diseñado donde las reglas cambian según el humor del jugador que tiene más barcos. La triangulación de los hechos nos revela que el petróleo ya no es energía, es un lubricante para evitar que las conversaciones con el equipo de Trump rechinen antes de empezar.

La mirada subversiva nos permite concluir que el flujo de crudo es inversamente proporcional al volumen de los gritos en el norte. Hemos conectado los barriles faltantes con los votos sobrantes en una ecuación donde la solidaridad es un lujo que se paga con moneda de cambio estadounidense. Concluimos que esta reducción es el clímax de una comedia de enredos: México aprieta la llave para que no le aprieten el cuello, mientras Cuba descubre que el "fraternal apoyo" tiene un fusible que salta cuando Washington sube el voltaje. El equilibrio del mundo se mantiene gracias a que todos fingen que el cambio de rumbo de un barco es solo una sugerencia de las olas.

 "Comprendiste que en la aritmética del poder, restar barriles a un amigo es la forma más rápida de sumar puntos con un gigante que tiene muy mal despertar."

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