Claudia en el Vórtice de la Tormenta Arancelaria
Te encuentras en una redacción que huele a tinta vieja y a servidores recalentados, donde el tic-tac de los teletipos marca el pulso de una nación en vilo. Aquí, las gráficas de crecimiento parecen electrocardiogramas de un paciente en crisis y los mapas de seguridad están manchados de una realidad que no admite filtros. Observas el panorama y comprendes que la silla presidencial no es un trono, sino el epicentro de un sismo de magnitud geopolítica.
Se ha analizado la herencia recibida por Claudia Sheinbaum como un ecosistema de alta fragilidad donde cada variable está infectada por el factor externo. La economía estancada no es solo un número en el presupuesto; es la consecuencia de una parálisis por incertidumbre.
Hemos verificado que el Mundial de 2026, lo que debería ser un escaparate de fiesta y modernidad, se perfila hoy como un rehén logístico. La infraestructura necesaria compite con la urgencia de pacificar territorios donde el Estado parece un visitante ocasional. Todo este escenario está atravesado por la sombra de Donald Trump, cuya retórica actúa como un martillo neumático sobre la moneda nacional. Para él, México es el laboratorio perfecto para su política de presión absoluta; cada tuit es un arancel psicológico que devalúa la confianza antes que el producto.
La deconstrucción de este mandato revela que Sheinbaum no solo gobierna un país, sino que administra una crisis de soberanía frente a un gigante que ha decidido usar la frontera como un torniquete. La economía no despegará mientras el TMEC sea una carta de extorsión en el escritorio de la Casa Blanca.
"Gobiernas sobre un campo minado donde el vecino tiene el detector de metales y no tiene intención de prestártelo; tu única salida es cambiar la lógica del juego".

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