El inventario del silencio en Teherán
Se ha percibido un olor metálico que no proviene de las alcantarillas, sino de los pasillos esterilizados donde la luz fluorescente parpadea con una arritmia macabra. En los hospitales de Teherán, el aire se ha vuelto denso, cargado con el peso de lo que no se debe nombrar pero que los ojos no han podido evitar registrar. Hemos caminado por una atmósfera de saturación absoluta, donde la arquitectura sanitaria ha dejado de ser un refugio para convertirse en un almacén de lo irreversible. Aquí, el dato frío de la noticia se ha transformado en una visión táctil: la carne apilada desafía la pulcritud del régimen y el silencio de las autoridades se ha roto contra el eco de los cuerpos que ya no tienen voz, pero cuya presencia física es un grito que ha desbordado las morgues.
Hemos analizado los testimonios que emergen de la oscuridad informativa como astillas de una realidad que el poder intenta lijar. Los manifestantes han descrito una logística del horror: hospitales donde las camillas han sido sustituidas por el suelo y donde la prioridad médica ha sucumbido ante la acumulación de "unidades" que el Estado prefiere computar como inexistentes. Esta disección revela una vulnerabilidad táctica en el sistema; cuando el volumen de la represión supera la capacidad de ocultamiento físico, la verdad se filtra por las grietas de la infraestructura. La triangulación de reportes indica que la saturación hospitalaria no ha sido solo por heridos, sino por un excedente de cadáveres que esperan una disposición clandestina, confirmando que la violencia ha pasado de ser un método de control a una saturación civilizatoria.
La narrativa del hospital como morgue improvisada ha revelado el colapso de la máscara institucional. No se trata solo de la muerte, sino de la pérdida de la dignidad en el tránsito final; el apilamiento es la negación última del individuo. Hemos conectado este suceso con la voluntad de decadencia de un poder que, al no poder contener la idea de libertad, ha intentado sepultarla bajo el peso físico de sus propios ciudadanos. El registro de estos cuerpos es la única bitácora de una resistencia que ha entendido que, en el inventario del horror, cada cifra es una grieta en el muro de la tiranía.
"Te has asomado al abismo de los pasillos blancos y has comprendido que el silencio de los muertos es el único idioma que el opresor no ha logrado censurar."

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