El Ejército de las Sombras Clónicas
La naturaleza ha decidido prescindir del macho para acelerar el fin del olmo en Norteamérica. Una avispa, compuesta exclusivamente por hembras, está devorando el follaje del continente con una eficiencia mecánica que envidiaría cualquier cadena de montaje. No hay cortejo, no hay variabilidad, solo la repetición incesante de un código genético diseñado para la ocupación. La tesis es simple: la partenogénesis es la estrategia de guerra total de una especie que ha entendido que la individualidad es un estorbo para la conquista.
La mosca de sierra del olmo zig-zag (Aproceros leucopoda) no pide permiso. Su método de expansión es una lección de mimetismo de la necesidad. Al ser una especie partenogenética, cada individuo es una fábrica de clones capaz de producir hasta cuatro generaciones en un solo verano. La ausencia de machos elimina el tiempo perdido en la búsqueda de pareja, permitiendo que la población explote de manera exponencial. Es la burocracia de la reproducción llevada a su extremo más eficiente y desalmado.
El rastro que dejan es su firma estética: un patrón en zig-zag tallado en las hojas, una arquitectura del hambre que despoja al olmo de su capacidad fotosintética. Se ha observado que su avance por Norteamérica es imparable debido a la falta de depredadores naturales que entiendan cómo frenar a este ejército de clones orientales. La fricción aquí no es biológica, es logística: los árboles no tienen tiempo de desarrollar defensas contra un enemigo que se reproduce más rápido de lo que ellos pueden brotar.
La condición humana, siempre ávida de analogías, podría ver esto como una liberación de género, pero el Cronista ve algo más mundano: una plaga optimizada. La disonancia radica en nuestra sorpresa ante un fenómeno que es, en esencia, lógica binaria pura. La avispa es un algoritmo biológico cuya única función es convertir la celulosa de los olmos en más avispas. El experimento de la biodiversidad parece estar fallando en favor de la uniformidad clónica.
La resolución de esta invasión no vendrá de insecticidas, sino de la aceptación de nuestra propia impotencia ante la eficiencia reproductiva. Los olmos están cayendo ante un enemigo que no necesita sexo para dominar el mundo. Es un recordatorio clínico de que, en el gran esquema de la extinción, la redundancia es una virtud y la originalidad, una debilidad mortal. El mapa de Norteamérica se está redibujando con líneas en zig-zag, y a la avispa no le importa quién gane las próximas elecciones.
"Has de comprender que cuando el mundo se cansa de la complejidad, envía a los clones para que simplifiquen el paisaje hasta dejarlo en los huesos."

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