Medicina en la Prehistoria
La medicina no ha nacido en las facultades; ha emergido de la herida y el miedo. En la Prehistoria, la salud no era un concepto estético, sino una variable crítica de supervivencia. El análisis de restos óseos y el estudio de sociedades cazadoras-recolectoras contemporáneas nos han revelado una verdad incómoda para la soberanía moderna: nuestros ancestros ya operaban bajo una lógica de biomimesis y resiliencia.
La evidencia más cruda de la medicina prehistórica reside en el hueso. Se han hallado cráneos del Neolítico con agujeros perfectos, realizados con herramientas de piedra.
Trepanaciones: No han sido meros rituales. Muchos de estos cráneos presentan crecimiento óseo post-operatorio, lo que indica que el paciente ha sobrevivido a la intervención. Se practicaban para liberar presión intracraneal, tratar traumatismos o, bajo una visión chamánica, expulsar "espíritus" (epilepsia o migrañas).
Reducción de Fracturas: El registro fósil muestra fracturas perfectamente alineadas y sanadas. Esto implica el uso de férulas de madera y arcilla, además de un sistema de cuidados comunitarios que ha permitido al individuo herido sobrevivir sin ser abandonado por la tribu.
La medicina prehistórica no se entiende sin su ejecutor: el Chamán. Este arquetipo no es solo un místico, es el primer especialista sistémico de la humanidad.
El Puente entre Mundos: El sanador ha entendido que la enfermedad es una "disonancia". Su función ha sido la de mediador; si el cuerpo (el átomo) se rompía, era porque el espíritu (la conexión con el entorno) se había extraviado.
La Autoridad del Conocimiento: Al ser el custodio de los secretos de las plantas y los ciclos lunares, el sanador ha ostentado un poder político-espiritual. No curaba solo al individuo, sino que "reparaba" el tejido social de la tribu.
El Iniciado en el Dolor: El arquetipo del sanador suele ser un "curador herido". Alguien que ha sobrevivido a una enfermedad o trauma y, a través de ese Kintsugi personal, ha obtenido la visión necesaria para intervenir en los demás.
Antes de la síntesis química, ha existido la observación. La "medicina" era botánica y empírica:
Plantas Medicinales: El análisis del sarro en dientes de neandertales ha revelado trazas de aquilea y manzanilla, plantas de sabor amargo y nulo valor nutricional, pero con propiedades antiinflamatorias y digestivas.
Antibióticos Primitivos: Se ha documentado el uso de hongos con propiedades similares a la penicilina (Penicillium) para tratar infecciones.
Antisépticos: El uso de ceniza, miel o resinas para sellar heridas y evitar la putrefacción.
La medicina prehistórica ha sido inseparable de la magia. El sanador ha sido el primer psicólogo clínico:
Efecto Placebo y Ritual: Mediante ritos y simbolismo, se ha logrado reducir los niveles de cortisol en el enfermo, potenciando el sistema inmunológico a través de la sugestión.
Cohesión Social: La enfermedad se ha tratado como una ruptura del equilibrio entre el individuo, la comunidad y el entorno (la "sombra").
Hemos creído que la vida prehistórica era "breve y brutal", pero el hallazgo de individuos con discapacidades graves (como en el yacimiento de Shanidar) que han vivido hasta la vejez demuestra la existencia de una ética del cuidado. La medicina prehistórica ha sido el pegamento de oro que ha unido las piezas de una humanidad rota, permitiéndonos llegar hasta aquí.
Perspectiva de Diálogo: ¿Es la medicina moderna una evolución real, o simplemente hemos tecnificado un instinto que ya era perfecto en su crudeza? El arquetipo del sanador sigue vivo en cada acto de cuidado, recordándonos que la curación es, ante todo, un acto de presencia y comunidad.

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