La Paradoja de la Ignorancia Programada
Mira a tu alrededor, en este salón lleno de espejos distorsionados donde la lógica a veces parece un chiste de mal gusto. La ignorancia no es un vacío, no es una simple ausencia de datos que se llena con una lectura rápida.
La raíz de nuestra ceguera reside en los sesgos cognitivos, esos atajos mentales que nos hacen sentir que sabemos más de lo que realmente comprendemos. Existe un fenómeno donde aquellos con menos habilidades en un área son los que más confían en su maestría; su propia incompetencia les impide reconocer su falta de conocimiento.
Vivimos en la era de la información, pero habitamos la era de la atención fragmentada. El exceso de datos genera una nueva forma de ignorancia: la ceguera por saturación. Cuando todo está disponible, nada se profundiza. La mente se conforma con el titular, con el eslogan, con la narrativa que le permite seguir perteneciendo a su grupo social. La ignorancia es, en última instancia, una herramienta de cohesión: es más fácil estar equivocado con la tribu que estar en lo cierto a solas. El conocimiento real requiere una incomodidad que la mayoría prefiere evitar para mantener intacta su paz mental.
La ignorancia humana es una elección inconsciente dictada por la comodidad y el miedo a lo impredecible. Reconocer que no sabemos es un acto de rebeldía contra nuestra propia biología. Solo cuando aceptamos que somos máquinas de crear ficciones podemos empezar a ver, por un instante, la luz cruda de la realidad.
"Tú crees que buscas la verdad, pero hoy has comprendido que lo que realmente buscas es una excusa para no tener que cambiar de opinión".

Publicar un comentario