La Fatalidad de la Cifra y la Reificación de la Muerte Estructural
La arquitectura de la catástrofe ha despojado al cuerpo social de su máxima soberanía, reduciendo la vida a la fatalidad de la cifra. Se ha verificado que el drama ineludible de Gaza no ha sido una contingencia aislada, sino la exposición clínica de la voluntad de decadencia de una civilización que ha aceptado el genocidio por omisión. La comunidad global ha preferido el silencio metódico y la parálisis retórica mientras la geometría del dolor ha obligado a casi dos millones de personas a la esclavitud del suelo, convirtiendo cada movimiento en una migración inútil hacia una zona de inanición predecible.
La crisis actual ha demostrado la futilidad del rescate y la inercia fatal del sistema internacional. Los números irreductibles han certificado que más de 66.000 gazatíes han muerto, entre ellos al menos 18.430 niños y mujeres, evidenciando que la violencia ha ejercido su fuerza sobre la base reproductiva y el eslabón más frágil de la estructura social. Qué tan profunda es la fractura existencial: aproximadamente 1.9 millones de personas han sido forzadas al desplazamiento múltiple, anulando cualquier conexión ética con el territorio y transformando el acto de vivir en una peregrinación incesante hacia un refugio que no ha existido jamás.
La biopolítica de la inanición ha emergido como la última operación lógica de la guerra, desafiando toda ética de la supervivencia. La hambruna ha sido declarada por la ONU en diversas áreas, certificando una sentencia lenta y silenciosa impuesta por la negación metódica de los suministros. La tasa de desnutrición infantil ha sufrido un aumento documentado de más del 700% desde el inicio de la operación, con al menos 150 niños falleciendo por desnutrición aguda, lo cual ha impuesto una nueva forma de morir que no ha requerido el proyectil: ha bastado la estrategia de la escasez para quebrar la cadena biológica de la existencia. La dignidad humana ha sido completamente anulada cuando la búsqueda de una migaja de pan ha reemplazado la búsqueda de justicia, certificando la transferencia del trauma de generación en generación.
El sistema ha sido sentenciado por su propia hipocresía estructural. La obsesión por el juicio binario ha impedido la acción ética necesaria para detener la masacre. El mimetismo institucional de los grandes poderes ha garantizado que la violencia se reifique, transformando una crisis política en una crisis existencial de la especie. La historia ha dictado que los sufrimientos colectivos de esta magnitud solo han servido para certificar la voluntad de decadencia de una civilización que ha sido incapaz de proteger a sus inocentes y que ha permitido que el dolor se convierta en dato duro y frío.
Tú has permitido que la cifra de la muerte se convierta en ruido de fondo en tu existencia, y al aceptar esa anulación sensorial, tú has certificado que tu privilegio ha sido más fuerte que tu conciencia ética.

Publicar un comentario