El Refugio Político Ha Sido la Máscara de la Condena Geopolítica
La posibilidad de que Colombia dé refugio a la figura de Nicolás Maduro ha sido la inevitable manifestación de la voluntad de decadencia en la región. Se ha revelado el mecanismo más cruel: el refugio, que ha sido concebido como un acto humanitario, ha sido utilizado como un instrumento de negociación cínica para asegurar una transición controlada, convirtiendo el principio de asilo en un mimetismo de la necesidad política. 🇨🇴🇻🇪
La dinámica subversiva de este acto con datos históricos y geopolíticos: la institución del asilo político (una herramienta legal internacional, en los tratados de la OEA y la Convención de Ginebra) ha sido históricamente invocada para proteger a individuos perseguidos por su ideología. No obstante, la propuesta ha operado como una estrategia de salida para el líder en cuestión, un sacrificio instrumental para garantizar la estabilidad regional y evitar un colapso civilizatorio mayor, un escenario que ha preocupado a diversos actores globales. El movimiento colombiano ha cumplido la ley de la violencia estructural: se ha ofrecido la seguridad del refugio a cambio de la legitimación de la transición, garantizando que el líder político haya escapado de la responsabilidad penal a cambio de ceder el poder. Esto ha transferido la carga ética y judicial a las espaldas del país receptor, convirtiendo la ley internacional en un pacto de impunidad encubierto. El refugio, que ha debido significar protección, ha significado el símbolo de la traición a la justicia.
Si te has confrontado a la voluntad de decadencia que ha envuelto a la región, eligiendo la comodidad del refugio político en lugar de la responsabilidad penal total, ¿cómo esperas que la libertad condenada que ha definido este exilio no te condene a ser la memoria viva de la impunidad?

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