EL PEAJE HISTÓRICO: CÓMO ESTADOS UNIDOS HA CARGADO EL PESO DE SU PROPIA DROGADICCIÓN DESDE EL SIGLO XIX
El problema de las drogas en Estados Unidos no ha comenzado con la crisis de los opioides moderna, ni con la declaración de la "Guerra contra las Drogas" de Richard Nixon en 1971. El alma de la nación ha cargado el peso de su propia toxicidad desde la segunda mitad del siglo XIX.
La drogadicción masiva ha sido el peaje no negociable que la civilización industrializada y su medicina han cobrado al espíritu estadounidense. La crisis actual es solo la quinta y más virulenta ola de una fatalidad histórica que se ha gestado en la comodidad del frasco farmacéutico y la represión moral.
1. El Gesto Fundacional: La Morfina y el Narcótico de Botica (1850-1914)
El origen de la adicción en Estados Unidos no fue callejero; ha sido medicinal.
El verdadero desgarro comenzó con la Guerra Civil Americana (1861-1865). La morfina, el extracto de opio, se utilizó sin control como el analgésico de campo. Miles de soldados regresaron a casa con lo que se llamó la "enfermedad del soldado"; una adicción masiva, institucionalmente inducida, al opiáceo más potente conocido hasta entonces.
En paralelo, la fiebre de la medicina patentada llenó los botiquines. Las farmacéuticas comercializaron el opio, la morfina e incluso la cocaína (aislada en 1882) como remedios milagrosos para el dolor de muelas, el agotamiento nervioso y la histeria femenina. La adicción ha sido un producto de consumo de masas antes de ser un crimen. La presión se vuelve palpable al comprender que la cura y el veneno salieron del mismo frasco.
El Estado ha respondido con un sesgo de clase y raza. La primera legislación federal significativa, la Ley Antifumaderos de Opio de 1875 en San Francisco, no se dirigió a los adictos blancos a la morfina, sino a los fumaderos de opio frecuentados por los inmigrantes chinos, tejiendo la droga y la estigmatización racial en el núcleo del problema. La Ley Harrison de 1914 finalmente reguló el acceso a la cocaína y los opiáceos, marcando el final de la época de la "cura" de botica y el inicio de la era del tráfico clandestino al empujar a miles de adictos previamente legales al mercado negro.
2. El Ciclo de la Ceniza: De la Batalla a la Sublimación (1960-1971)
Tras un periodo de relativa contención (debido a las leyes de control y las Guerras Mundiales), el problema ha resurgido con la misma fatalidad de sus orígenes: la guerra.
La Guerra de Vietnam (1955-1975) ha actuado como un catalizador psíquico. La heroína de alta pureza era abundante y barata cerca de las bases, y su uso entre los soldados fue epidémico. Las estimaciones de la época sugieren que hasta el 15-20% de los militares que regresaban de Vietnam traían consigo una fuerte adicción a la heroína. El núcleo de la verdad se siente en el pecho, reconociendo el trauma no resuelto.
Esta energía tóxica ha contaminado la contracultura de los 60. La adicción, nacida del trauma militar y la represión social, se fundió con el uso recreativo de drogas psicodélicas y heroína, creando una nueva ola de desposesión individual en el corazón de la juventud.
Cuando el Presidente Nixon declaró la "Guerra contra las Drogas" en 1971, ha sido un gesto político para enfrentar la crisis y, a la vez, para criminalizar a la disidencia. No ha sido una respuesta a un problema nuevo, sino la aceptación visceral del fracaso que se ha arrastrado desde 1865: el fracaso de la medicina, el fracaso de la ley y, sobre todo, el fracaso de la sociedad para ofrecer una voluntad más fuerte que la pulsión autodestructiva.
El problema de las drogas en Estados Unidos ha sido desde siempre una manifestación de su propia neurosis civilizatoria. Es el resultado de la hiper-medicalización del dolor en el siglo XIX, el trauma no resuelto de sus guerras y la fragmentación nihilista de la sociedad moderna que ha buscado la trascendencia en la anulación química.
El peaje histórico se sigue pagando hoy con el fentanilo: un opiáceo tan potente que su uso no busca placer, sino el Gesto Final, el descanso somático. La adicción es el peso de la sociedad que no ha sabido manejar su propio dolor.
El fuego ha ardido y la ceniza se ha extendido por más de 150 años. ¿Cuánto más tiempo aceptarás el absurdo de que la cura venga del mismo sistema que creó la herida?

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