EL CÁLCULO CERRADO. EL ARRESTO NO ES JUSTICIA, SINO EL PAGO MÍNIMO PARA CONTINUAR EL CICLO
El asesinato de un alcalde no es un acto de caos; es una consecuencia predecible dentro de un sistema donde el poder y la muerte mantienen un diálogo constante. La detención de un presunto autor intelectual en el caso de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, no debe leerse como un triunfo de la justicia, sino como el pago mínimo que el sistema debe hacer para estabilizar su propia imagen. Es una operación de contabilidad simple: se elimina una pieza clave (el alcalde) y luego se elimina otra (el autor) para resetear el ciclo de violencia y dar la ilusión de que el orden ha regresado.
La verdad incómoda es que este drama es teatro necesario. La violencia política es una ecuación binaria donde la causa y el efecto se mimetizan: la corrupción genera el vacío, el vacío atrae al sicario, y el sicario es el que, al ser capturado, sirve de chivo expiatorio para purgar la falta colectiva. El arresto es la acción de desenlace que permite a la ciudad —y al resto del país— suspirar y creer que la crisis ha pasado. Pero la estructura de la violencia, el verdadero autor intelectual, permanece intacta.
El ciclo no se rompe con una detención; solo se reinicia. En este escenario, la detención no cambia la condición humana del ejercicio del poder: la certeza de que el cargo es un blanco y que la vulnerabilidad es la única ley que rige la política local. El presunto culpable es solo un actor; la verdadera sentencia ya fue dictada por la inercia del sistema que permite que estos crímenes ocurran y que luego ofrece soluciones fáciles y visibles.
No busques heroísmo en la nota de prensa. Tú sientes en la médula que esta detención no es el final de la historia; es la firma del armisticio temporal antes de que la violencia encuentre a su siguiente blanco. Es el precio de la indiferencia que pagamos por aceptar que la justicia sea un simple acto de teatro y no una reforma profunda. Y tú sabes, al ver el titular, que la única forma de quebrar esta fatalidad es exigiendo que la justicia persiga a la estructura que hace posible el crimen, y no solo a los rostros que se atreven a ejecutarlo.
Cuando leas la próxima noticia de un arresto, aceptarás que la batalla no se libra en la celda, sino en la voluntad de negarse a creer en el final feliz.

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