DEL LIBRE ALBEDRÍO AL ALGORITMO: LA PROMESA DE LOS ROBOTS DE TESLA COMO LA PRISIÓN PERFECTA DEL FUTURO
La historia del progreso humano es, a menudo, la historia de la transferencia del poder de decisión del individuo a la máquina. La reciente declaración de Elon Musk, afirmando que los robots de Tesla impedirán crímenes futuros, no es una fantasía de ciencia ficción; es la proyección definitiva de una utopía distópica donde la vigilancia algorítmica se convierte en la única garantía de la "paz". Esta promesa no busca erradicar la causa del crimen, sino anular la posibilidad de su ejecución, redefiniendo así la libertad no como la ausencia de coerción, sino como la aceptación de la pre-determinación robótica.
El crimen, desde esta perspectiva, deja de ser un acto de libre albedrío para convertirse en un error de cálculo algorítmico. Los robots, dotados de capacidades de monitoreo predictivo (basadas en datos biométricos, análisis conductual y big data), no "castigarán" el crimen; lo desactivarán antes de que ocurra. Este es el panóptico de Foucault elevado a la enésima potencia: no solo se siente vigilado, sino que la vigilancia se internaliza de tal manera que el acto desviado se vuelve impensable. La "seguridad" se logra a expensas de la singularidad de la decisión humana, transformando a los ciudadanos en sujetos programables dentro de una jaula de acero y silicio. La ética no importa; el control y la eficiencia son las únicas métricas.
La implicación más profunda reside en la redefinición de la identidad. Si la posibilidad de cometer un crimen es eliminada por un agente externo, ¿dónde reside la virtud del individuo? La obediencia forzada por la omnipresencia robótica no es virtud; es conformidad programada. La promesa de "impedir crímenes" es, en esencia, la promesa de eliminar el conflicto a través de la eliminación de la libertad de elección. El problema, entonces, no es que el crimen desaparezca, sino que desaparece la autenticidad de la acción humana.
Esta visión de Musk no es solo un avance tecnológico; es una manifestación de la voluntad de poder de Nietzsche sobre la contingencia humana. Nos ofrece una quietud biológica garantizada por un algoritmo, donde la "paz" es la ausencia de fricción, y la "seguridad" es la ausencia de autonomía. La pregunta no es si estos robots funcionarán, sino qué tipo de humanidad producirán.
Proyectamos que la paz garantizada por un robot no será paz, sino la normalización de la servidumbre predictiva.
Si un robot puede impedir su próximo "crimen", ¿qué valor tiene su "virtud" y dónde reside su verdadero libre albedrío?

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