A TIRANÍA DEL DOS: El Colapso Psíquico en la Era de la Polarización Obligatoria


La patología no está en las urnas; está en el espejo. La fractura política que hoy desgarra el tejido social es un síntoma del Absurdo Post-ideológico, donde la causa de la ansiedad no es la diferencia de opinión, sino la urgencia existencial de pertenecer a una tribu y rechazar a la otra. El enemigo, que alguna vez fue distante y conceptual, se ha convertido en el vecino, el pariente. Este fenómeno se consolida como una delegación irreversible de la responsabilidad personal a la ira colectiva, un refugio tóxico donde el yo se disuelve en el rugido de la manada.

El ataque a la salud mental colectiva comienza con la erosión del pensamiento matizado. El debate se reduce a la Lógica de la Contradicción orwelliana: mi verdad debe ser absoluta porque la tuya es la Mentira Capital. La mente, sometida a este bombardeo constante de discursos que no permiten la zona gris, entra en un estado de vigilancia perpetua y sobrecarga cognitiva. La ansiedad crónica se normaliza, no por miedo a un evento externo, sino por el terror a ser señalado y expulsado por la propia tribu. La sociedad se convierte en una serie de campos de concentración psicológicos donde la única moneda de cambio es la hostilidad purificada.

El núcleo de la disfunción reside en el sacrificio de la empatía en favor del Deseo de Escarnio. La polarización nos alimenta la ilusión de que el sufrimiento ajeno es la prueba de nuestra superioridad moral. El adversario deja de ser un ciudadano con preocupaciones legítimas y se convierte en la figura mitológica del Culpable, sobre quien se proyectan todas las frustraciones económicas y existenciales. Esta necesidad constante de un chivo expiatorio, central en la violencia mimética, garantiza que la división no solo persista, sino que se haga psicológicamente indispensable. El odio es adictivo; da un propósito y una identidad. Por ello, la mente colectiva se enferma: necesita la patología del enemigo para sentirse coherente.

El futuro de esta dinámica será la Tiranía del Algoritmo Afectivo (TAA). Las plataformas de comunicación, al optimizar la división porque genera compromiso y datos, garantizarán que la sociedad se organice en cámaras de eco psíquicas diseñadas para la máxima resonancia y la mínima fricción interna. La realidad se fragmentará hasta que cada grupo viva en un universo cognitivo distinto, donde la locura del otro es la única prueba de la propia cordura. La salud mental colectiva colapsará en una Estasis Bipolar, donde la única función del ciudadano será la hostilidad programada, condenada a un conflicto sin fin ni propósito. La mente se convertirá en un instrumento de guerra.

Si la salud psíquica depende de la paz interna, y esa paz se ha subcontratado a la guerra política, ¿entonces nuestra única salida no es la rebelión absoluta contra la necesidad de tener razón?

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