LA ETERNIDAD DE LA SENTENCIA
UNA CÉLULA REPROGRAMADA VS. UN SISTEMA IMPLACABLE
"La justicia biológica sin justicia económica es la promesa de un banquete servido detrás de un cristal impenetrable."
— El Proletario Felino
La fatalidad genética siempre fue un veredicto con fecha. Una línea de código heredada que se activaba para desmantelar la razón y el cuerpo, hasta que solo quedaba el eco de una persona. La Enfermedad de Huntington era el enemigo más formidable del hombre, una sentencia inmutable. Hasta ahora.
El avance, anunciado como un susurro revolucionario, no es la cura, sino la **suspensión del destino**. El tratamiento AMT-130, una proeza de la ingeniería molecular, silencia al gen mutante. Es la primera victoria documentada contra la maquinaria biológica que dicta el final, ralentizando el avance de la enfermedad hasta en un 75% en los grupos de alta dosis. El detective en la oscuridad sonríe por un momento: se ha encontrado al culpable, y se le ha amordazado. La humanidad ha reescrito un capítulo de su propio código fuente.
Pero en el mismo expediente donde se archiva la esperanza, se oculta el verdadero conflicto.
"No hay enemigo más formidable que la fatalidad a la que el hombre, nacido de mujer, está sujeto."
Sófocles hablaba de una fatalidad biológica; hoy, enfrentamos una fatalidad financiera. La estadística es fría y precisa, como toda bala de plata: los investigadores confirman que la terapia AMT-130 será **"extremadamente cara"** y requerirá una **compleja cirugía cerebral** en centros ultraespecializados para su administración. El sistema, en su ironía más cruel, ha reemplazado la cadena de ADN defectuosa por una **cadena de oro impenetrable** y un filtro de acceso quirúrgico. El acceso a la vida extendida se convierte, de facto, en un privilegio reservado para unos pocos.
El Proletario Felino no puede dejar de notar la simetría: el triunfo sobre el destino biológico solo ha servido para cimentar la tiranía del destino económico. La molécula se inyecta con precisión milimétrica en el cerebro; la barrera de acceso se inyecta con precisión letal en el tejido social.

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